Álvaro Casal
Manuel Antin, director de la bonaerense Universidad del Cine, hizo notar algo que no debía pasar inadvertido. Mucho menos en la Argentina de los "pingüinos" kirchneristas: el centenario de la primera edición de "La isla de los pingüinos".
El autor de la obra, Anatole France (nom de plume de Jacques Antoine Anatole Thibault) vivió el final del siglo XIX y los comienzos del XX. Siendo ya ilustre integrante de la Academia Francesa, en 1921 recibió el premio Nobel de Literatura. Dueño de una ironía notable, inspiró a intelectuales del mundo entero. En Uruguay, cabe recordar que el doctor Eduardo Rodríguez Larreta, co-fundador de El País, era uno de sus lectores asiduos y cuando escribía en broma, se firmaba con el nombre de uno de los personajes de la novela de France titulada "Thais, la cortesana de Alejandría".
En "La isla de los pingüinos" el escritor hace un repaso paródico de la historia de la humanidad. La narración se inicia con la llegada a la Antártida de un tal "San Mael", quien navega en una paradójica barca de piedra.
Allí, siendo extremadamente corto de vista, confunde a una colonia de pingüinos con un grupo de hombres y procede a bautizarlos. Es el inicio de la historia de Pingüinia y a lo largo del relato caen uno a uno diversos mitos.
Vale la pena mencionar como ejemplo de la narración, la historia de Orberosa, una pingüina promiscua que está aliada a un farsante que asusta a los pingüinos buenos con un armazón y pieles que le permiten simular ser un dragón. Entretanto les roba y secuestra a sus hijos.
Pero el "dragón" sufre un par de malos trances y los pingüinos se envalentonan y lo enfrentan. Orberosa advierte que el negocio del falso monstruo se acabó. Entonces arma una pantomima donde mata al dragón y se convierte en heroína. Finalmente, al cabo de los años, Orberosa es canonizada y se convierte en la santa patrona de Pingüinia.
Pero han pasado los años y Anatole France se ha ido deslizando suavemente hacia el olvido. ¿Puede extrañarnos esto? Si acabamos de enterarnos que aquí, en nuestro país, hace ya tiempo que a estudiantes de educación superior no se les instruye sobre Molière, Shakespeare o Dante.
¿Será porque estamos ante escritores que nos hacen pensar y, como decía Anatole France: "la reflexión es una enfermedad que padecen algunos individuos y que si se propagara acabaría con la especie humana"?
Anatole France estaba comprometido en la defensa de la democracia y la libertad. También en la lucha contra la injusticia y la corrupción. Se alineó junto a Emile Zola, cuando éste salió en defensa de Dreyfus.
Y cuando por esa defensa (que demostraría ser justa) Zola fue perjudicado, France renunció a los honores que le había conferido el gobierno francés.
La última parte de "La isla de los pingüinos" es futurología novecentista. Anatole France avizora un porvenir con altos edificios, contaminación, gentes alienadas, terroristas y bombas.
Cualquier parecido con personas o hechos de la vida real… ¿es pura casualidad?