GUSTAVO PENADÉS
El tema del Ministerio Público ha sido puesto sobre la mesa de la consideración pública y su importancia nos parece de tal magnitud, que vamos a adelantar nuestra opinión personal sobre la eventual dependencia de las Fiscalías del que sería futuro Ministerio de Gobierno.
El Senador Bonomi habría dado su opinión favorable al respecto y la Asociación de Fiscales y algún Fiscal en lo personal, como el Dr. Enrique Viana, se habrían manifestado en contra del pasaje del Ministerio Público de la órbita del Ministerio de Educación a la del de Gobierno a crearse.
Esto está relacionado con el soporte conceptual de la acción de los Fiscales, cual es la llamada independencia técnica que tienen para la toma de decisiones, con soporte en la ley de creación del Instituto.
Toda la acción de los Fiscales reposa en que no tienen dependencia alguna en su actuar y que el hecho de que el Ministerio Público esté dentro de Educación, tiene que ver solamente con los asuntos administrativos, lo que no incide en modo alguno en los aspectos de fondo de sus decisiones.
Es fundado el temor que nace de que su eventual dependencia de un Ministerio estrechamente ligado a la acción del Ejecutivo, como seguramente sería el de Gobierno, eche por tierra con la independencia técnica de los Fiscales, los que pasarían a estar muy influidos por quienes ejercen el máximo poder del Estado.
Es este un asunto de suma complejidad, sobre el que se ha opinado en forma diversa en el decurso de gran parte de la Historia Universal.
Por un lado, la búsqueda de la seguridad colectiva genera el deseo de que se concentre un gran poder en el Estado, que dé tranquilidad a los ciudadanos. Éste es uno de los argumentos que se esgrimen para que los Fiscales, sobre todo los penales, estén insertos en el Poder Ejecutivo, para que formen parte de esa gran fuerza etática, que les daría una mayor eficacia en su acción de combate al delito.
Por otro, siempre se ha temido -y con fundadas razones, dados los desbordes autoritarios vividos por sociedades que declinaron toda su fuerza en el Ejecutivo, en aras de la soñada Seguridad- que la concentración de poder excesivo en manos del Estado, termine atentando contra la libertad individual. Gustav Radbruch -quien mucho sabía de los desmanes que el exceso de poder permitió al fascismo y al nazismo- en la defensa de los valores de la República y la Democracia, exige que ese choque que puede darse entre el logro de seguridad y el respeto de la libertad, siempre esté delicadamente manejado en tensión dinámica, por parte de los pueblos.
La importancia que este asunto tiene, para que la lucha contra la delincuencia sea sin mengua alguna de la Libertad y con respeto pleno de los derechos humanos, hace que deba ser tratado como un tema de Estado y no del gobierno de turno, con la máxima discusión política y académica para que la opción que se tome cuente con el mayor nivel de aceptación y conciencia ciudadana.
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