Nuestro país enfrenta varios desafíos de largo plazo que, cada vez más, exigen la adopción urgente de políticas de largo plazo fundadas en sólidos consensos nacionales. Uno de ellos es el suministro de electricidad.
Es cierto que el director Nacional de Energía observó hace unos días que, a pesar de que el año 2009 fue el peor desde el punto de vista de su pluviometría desde 1940, había sido posible satisfacer el 100 % de la demanda.
Agregó que el Uruguay estará pronto para satisfacer la demanda interna por electricidad durante el año próximo: "si llueve mucho UTE estará en condiciones de reducir sus tarifas y si pasa lo contrario, el ente se endeudará más y si la deuda es muy grande habrá que subir la tarifa". Muy tranquilizador…
Por una parte, tenemos que la demanda de electricidad de la sociedad uruguaya no cesa de aumentar y que, por la otra, la capacidad nacional de generarla a costos razonables no crece en la misma proporción.
Hasta ahora la estrategia de UTE para enfrentar ese incremento, tan saludable, se ha fundado principalmente en invertir en máquinas térmicas, que consumen hidrocarburos, con un costo de producción elevado, y en comprarle electricidad a nuestros vecinos. Los proyectos de energías alternativas y renovables por ahora son tímidos y limitados. No se habla ni siquiera de estudiar la opción nuclear.
El verdadero desafío no es asegurar electricidad a cualquier precio, incluyendo al costo de una alta dependencia de nuestros vecinos, sino conseguir un suministro de energía eléctrica propio y seguro, en cantidades suficientes y a precios adecuados que no estrangulen el desarrollo económico de nuestro país.