Misterios y entretelones de las tradicionales fiestas navideñas

| Libro. Daniel Vidart y Anabella Loy analizan la antropología de la Navidad

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CARLOS REYES

La Navidad puede ser una instancia de reflexión o de andar a las corridas. Apostando a lo primero, los antropólogos Daniel Vidart y Anabella Loy publicaron "Tiempo de Navidad", libro que analiza el trasfondo mítico de las fiestas navideñas.

El ciclo navideño, que va del 24 de diciembre al 6 de enero, es entendido por estos autores como una cuña en el devenir de la vida cotidiana, y expresa a través de una serie de prácticas cristianas, un trasfondo que se remonta a los cultos solares del antiguo Oriente. Esa es la clave de esta publicación que editada por Banda Oriental, dedica un capítulo al sentido de las fiestas, otro a los cultos solares y un tercero a Santa Claus.

Los Santos Inocentes, el último día del año, y el mito de los Reyes Magos cierran este análisis que procura tratar asuntos sesudos con un lenguaje accesible al lector no especializado. "Hemos querido hablar de temas que tienen profundidad haciéndolos comprensibles a gran cantidad de lectores, y eso es una gratificación", reflexiona Vidart para El País.

"Este libro tiene que ver con comprender la Navidad en cuanto a los mitos e influencias que la conforman, atendiendo especialmente a los sincretismos e influencias. Nos motivó darle luz a una serie de fenómenos que ya tenemos asimilados -como el arbolito, Papá Noel, el gallo, los Reyes Magos-, tratando de desentrañar las raíces profundas que tienen", agrega Loy, pasando a citar ejemplos.

"La colocación de la Navidad el 25 de diciembre es muy posterior a los Evangelios, y obedece a un intento de asimilar la figura de Cristo con los cultos paganos, que celebraban el solsticio de invierno del hemisferio norte. Alude a creencias que tienen un trasfondo mágico, como la figura del Sol Invicto: durante tres días en el hemisferio norte parecía que el sol no se elevaba sobre el horizonte, y eso originó una serie de ritos vinculados con hacer ruidos y encender fogatas para que el sol se elevase. Ese es un poco el origen de toda la pirotecnia que realizamos hoy en día", explica la antropóloga.

En esa dirección, el libro expone los vínculos que hay entre la figura de Cristo y las de otras divinidades, como Horus, Mitra, Attis, Dionysos o Krishna.

Al respecto Vidart señala que hay toda una literatura sobre hijos divinos de madre virgen, anunciados por seres divinos, que murieron de mala manera y resucitaron todos a los tres días. "Los tres días tienen que ver con el 22, 23 y 24 de diciembre, días en que el sol aparece recostado al horizonte", comenta el estudioso.

LAZOS. De la investigación, Loy subraya algunos hallazgos de interés, como vincular la leyenda del Viejo de la Bolsa como la contracara de Santa Claus. "En Holanda existía una contrafigura llamada Pedro el Negro, que les dejaba carbón a los niños que se portaban más o menos, y a los más desobedientes los metía en una bolsa y se los llevaba a España. Y dadas las atrocidades cometidas por los españoles en los Países Bajos, esa amenaza era una verdadera tragedia".

También tienen un trasfondo terrorífico algunas prácticas que hoy están llenas de candor. "Los adornitos navideños tienen que ver con tradiciones más truculentas que esa cosa decorativa. Remiten a prácticas celtas y germanas, de colgar cabezas de osos o de enemigos de los árboles. El árbol era un roble, y simbolizaba el árbol de la vida, que conecta a los tres mundos, el superior, el terrestre y el subterráneo, que es el mundo de los muertos", sostiene Loy. Complementando la información, Vidart agrega que el roble luego fue cambiado por un pino, "que por su forma triangular representaba la trinidad".

El antropólogo observa que de la imagen del humilde pesebre se ha pasado a la de Papá Noel parado en la puerta de los grandes centros comerciales. "Es un llamado al consumo, propio de la cultura del derroche, del gasto conspicuo".

Loy (Montevideo, 1958) remarca que la introducción de Papá Noel incide sobre la transformación de la Navidad en una fiesta del consumo, de regalos y de alimentos, aunque no por eso deja de reconocer que los aspectos tradicionales no se han perdido completamente. "Tengo la impresión que en nuestro contexto la celebración tiene que ver con los vínculos, con el afianzamiento de la identidad, con el hecho de celebrar juntos".

Vidart y Loy publicaron el año pasado, también en Banda Oriental, Cuerpo vestido, cuerpo desvestido, donde realizaban un estudio antropológico sobre la ropa interior femenina. "Ambos trabajos tienen en común una mirada etnológica, comparativa, que busca la comprensión de las conductas humanas a través del relativismo cultural", remata Loy.

Dinosaurio trabajador

"Yo nací en Paysandú en 1920, o sea que soy un dinosaurio del Uruguay profundo", afirma Vidart con humor. "A mí me enseñaron que Paysandú era patria de valientes y yo me lo creí, por eso estoy guapeado y sigo escribiendo como cuando tenía 30 años, porque como soy vasco, soy duro".

"Éramos tres amigos: Idea Vilariño había nacido en agosto, Mario Benedetti en septiembre y yo en octubre, todos en el mismo año, y siempre teníamos la idea de ir a la televisión, o a la radio, a hablar de cuando éramos jóvenes. Pero Idea era la más arisca. Creo que yo era un `outsider` de la generación del 45: ellos volteaban títeres desde el punto de vista mítico, y yo hablaba del paisaje uruguayo".

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