En las últimas horas, un par de nuevos accidentes motociclísticos han producido dos muertos y un herido gravísimo. Próximo a Tala, un hombre murió cuando su moto impactó contra un cartel. En Paysandú, un tipo de accidente otrora raro (el choque entre dos motos), dio como resultado la muerte de un joven y serias heridas para otro.
No por significar todo esto la reiteración de hechos que ya son casi cotidianos, deja de preocupar.
El número de motocicletas y ciclomotores que circula por el país se ha multiplicado en forma asombrosa. Es un fenómeno de los últimos años que no se ha visto acompañado por medidas concomitantes que podrían paliar la accidentalidad que esta evolución ha determinado.
No hay duda que la conducción de una moto requiere una destreza que no es necesaria en el manejo de automotores. Pero ocurre que muchas veces quienes consideran que ya tienen esa destreza, tripulan en forma temeraria (un ejemplo son muchos de los repartidores). Otros no cuentan con la habilidad necesaria para transitar en la jungla del asfalto, porque han obtenido tardíamente su licencia de conducir o bien por otros motivos. A esto se agrega que dispositivos de seguridad, como lo es el casco, muy frecuentemente en departamentos del interior del país, no son exigidos, con lo que se acrecen los riesgos. Algo similar ocurre con motos que ven entorpecida su maniobrabilidad porque están transportando más de dos personas.
No se discute el derecho de los uruguayos a utilizar motos y ciclomotores. Lo que sí se debe reclamar es que estos compatriotas sean instruidos debidamente y que se les exija cumplir con todas las normas de tránsito.
Tal cosa beneficiará a todos.