MATÍAS CASTRO
Mucha gente se pregunta por qué hay figuras del espectáculo que viven de escándalo en escándalo. La respuesta es que el escándalo puede dar buenos réditos. Puede, pero no siempre los da. Hay quienes lo usan como una herramienta para mantenerse más o menos visibles, y hay quienes reciben el escándalo de forma casi sorpresiva, aunque no inesperada si se ven los detalles de cada caso. Es lo que ocurre con Tiger Woods, golfista multimillonario y muy famoso, que desde hace algunos días está en boca de todo el mundo, literalmente, gracias a la lluvia de amantes que ha caído sobre él. Y esto es lo increíble de la historia.
El 25 de noviembre un periódico estadounidense publicó una denuncia en la que afirmaba que el golfista tenía una relación extramarital con la dueña de un club nocturno. Él lo negó, pero dos días después tuvo un accidente de auto de madrugada, tras salir de su casa, cosa que desató nuevas especulaciones. Corrieron los días y, según algunas notas de prensa que resumen el caso, aparecieron al menos doce mujeres que decían ser amantes de Woods. Parecía que un problema bastante grande había estallado en la cara del deportista.
El teleteatro continuó creciendo y llenándose de chimentos, casi como la historia más barata que puede rodear a cualquier figura de segunda que aspira a conseguir un trabajo o ganar algo de dinero en base a decir disparates ante cámaras. En el Río de la Plata conocemos a unas cuantas de esas figuras, aficionadas a llamar la atención con chismes o acusaciones directas, buscando la provocación. Y si ocurre a esta escala, ocurre también en el mundo de Woods, donde hay decenas de millones de dólares en juego.
Si usted aparece en una foto cerca de Tiger Woods, seguramente será considerado probable amante. Se dijo que Tiger lo había sido de Jessica Simpson. También que compartía una mujer con George Clooney. Ahora su ex, dicen, le reclama 300 millones. Esto promete continuar.