El plan Cardales propició el primer desencuentro entre el gobierno entrante y el saliente. En el entorno del presidente electo cayó mal que Tabaré Vázquez firmara un decreto sobre ese plan al día siguiente de celebrada la segunda vuelta, es decir, en el momento de iniciarse el período de transición. Se sabe que en ese período la norma es no adoptar decisiones importantes sin consultar con los gobernantes electos. Por la jerarquía del tema, está claro que José Mujica esperaba ser consultado en vez de toparse con un decreto de última hora en un tema muy sensible.
Antes de partir a Japón, Vázquez habló con Mujica y le pidió una reunión para discutir el tema a su regreso. Pero Mujica no lo esperó y proclamó que impulsará una ley general de telecomunicaciones que, entre otros temas, definirá las líneas del plan Cardales, el que ofrecerá al público el servicio "triple play" (televisión cable, Internet y teléfono). Así quedó al desnudo la divergencia de opiniones entre ambos dirigentes.
En su decreto, Vázquez habilitaba a los privados a participar con Antel en el plan, una decisión que alborotó a los empleados de Antel, agrupados en Sutel, una corporación siempre recelosa de la competencia del sector privado. En otro paso adelante, Mujica instó a todos los grupos del Frente Amplio a designar delegados para formar una comisión que redactará la nueva ley. Una ley que regirá no sólo el plan Cardales sino también el cambio de tecnología hacia la televisión digital y la fijación de criterios para asignar nuevas frecuencias de radio y TV.
En suma, el episodio revela disensiones entre la administración saliente y la entrante así como la escasa coordinación entre miembros de un mismo partido político.