DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
Insurgentes iraquíes interceptan videos de aviones no tripulados con un programa de US$ 29, Seguridad Interna cuelga por error un plan secreto de control en aeropuertos y capturan a musulmanes americanos antes de entrar a Al Qaeda.
Los comentarios últimamente han sido pronunciados con cierta sonrisa, hasta en tono de burla. Unos han sido motivados por llamativos y coloridos sucesos, otros amenazantes golpean la seguridad estadounidense. La realidad exhibe que existen errores y "filtraciones" que pocos imaginan en la primer potencia del mundo
Visitantes "extraños" ingresan a la Casa Blanca como "antiguos conocidos" y cuando los servicios especializados perciben que hay algo fuera del protocolo ya están los "colados" de gran charla con Barack Obama o la primera dama Michelle.
Desde los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, sólo se autorizan vuelos de línea y privados, controlados bajo una cartilla de extrema seguridad a cumplir a rajatabla antes de la partida o llegada a los aeropuertos. Sin embargo, esas previsiones no se siguen "al pie de la letra". En el último año, hasta marzo pasado, 157 aviones sin autorización ingresaron en la zona aérea prohibida; 5 de ellos sobrevolaron las cercanías de la Casa Blanca y 7 sobre la famosa residencia de fin de semana, Camp David.
Cada poco tiempo es necesaria una inspección a fondo de las computadoras de las máximas jerarquías del gobierno. Una tarea que demanda 60 días de trabajo del personal técnico. Los "hackers" no respetan la autoridad y son tales las intromisiones que el mismo Obama dio la orden de revisar esos "extraños y peligrosos ingresos" en los "e mail" de los gobernantes. Se logró llegar a muchos de ellos y detenerlos, otros se evaporaron sin dejar rastros.
La más reciente de las interferencias ocurrió en Irak. Se descubrió que grupos chiítas iraquíes lograban captar los videos de los aviones no tripulados estadounidenses que filmaban los blancos para bombardear o las fotos captadas de lugares que se sospechaba eran centro de reunión de los insurgentes. Lo asombroso es que el programa electrónico manejado por los iraquíes puede y fue adquirido a través de Internet por 29.95 dólares
Y, cuando no hay un "intruso" en los sistemas, por un grave error de los servicios cuelgan en la red de Internet el "Manual Secreto de Seguridad de los Aeropuertos". La explicación oficial apuntó a que "no estaba actualizado" y tampoco era un documento clasificado. Sin embargo se trasuntaba una seria preocupación de las cúpulas de seguridad y congresistas. En los papeles se alertaba de las "limitaciones de los equipos de rayos X y de los detectores de explosivos".
No hay que olvidar los casos del capitán estadounidense, musulmán, que mató a una decena de colegas durante un acto de graduación en Fort Hood, o los recientes cuatro musulmanes, nacidos en Estados Unidos en el Norte de Virginia, estudiantes, detenidos en territorio pakistaní cuando iban a los campos de entrenamiento de los talibanes.
El primero era militar y estaba bajo vigilancia, se le había filmado en un supermercado vestido con la túnica clásica de los islámicos. No se le detuvo, se esperó en busca de "contactos". A los pocos días provocó la matanza. Los cuatro jóvenes habían cambiado de hábitos, convertidos de pronto en personas de religión extrema. Un día dijeron a la familia que iban al supermercado vecino, en Virginia, y fueron ubicados y apresados, tiempo después, en Pakistán cuando intentaban incorporarse a los extremistas.
Hoy en ese camino de tropiezos se recuerda una realidad que siempre argumentaba el criticado e impopular ex presidente George W. Bush: "tenemos que tener presencia militar constante en Afganistán, Irak y la frontera con Pakistán, jaqueándolos no les dejamos espacio ni tiempo para preparar atentados contra el territorio estadounidense, están siempre a la defensiva" .
Los visitantes "colados" en la Casa Blanca, que han ocupado buen espacio de la prensa del mundo -el matrimonio Salahi- luego de pasar los controles de la lista de invitados con la habilidad femenina de hacer "vocear su nombre" adelantándose a la revisión de la lista de 400 invitados, pasaron a las salas y saludaron a Barack y Michelle Obama, el vice Joe Biden y a todo contertuliano importante de la cena oficial en honor del Primer ministro de la India. Pero la vanidad los "denunció", para vanagloriarse ante los amigos colgaron las fotos en su web personal y allí empezó a desenredarse la madeja del escándalo. Han declarado ante el Congreso, con vestimenta oscura ambos y caras serias, y ante el Pentágono. No se sabe aún si pasarán a la Justicia. A los cuatro días, una pareja de turistas, el matrimonio Harvey y Paula Darden, partidarias de Obama del Estado de Georgia, se equivocaron en 24 horas a la visita general de la Casa Blanca para la que estaban autorizados. Llegaron, ingresaron, nadie se dio cuenta de la fecha y luego de superados los controles, fueron invitados a tomar el desayuno.
A esta altura aún cuando pocos dudan de los adelantos tecnológicos de la primer potencia, todos tienen plena conciencia de que el error humano existe y puede ser catastrófico.