Otro momento para los grandes elogios

Es el primer candidato firme al Oscar por "Amor sin escalas", una película que llegará en febrero

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GUILLERMO ZAPIOLA

Fue elegida como la mejor película del año por el National Board of Review, y su protagonista George Clooney compartió con Morgan Freeman ("Invictus") el premio a mejor actor. Merece un mejor título español que "Amor sin escalas".

El tercer film dirigido por Jason Reitman (luego de Gracias por fumar y La joven vida de Juno) se estrenó en un pequeño número de salas en los Estados Unidos el pasado viernes, y se expandirá en muchas otras a partir de la próxima Navidad.

La película es una sátira sobre el universo corporativo, un tema que encaja muy claramente en el marco de las preocupaciones liberales de Clooney, quien no en vano ha dirigido películas como Confesiones de una mente peligrosa y Buenas noches y buena suerte, o protagonizado Syriana o Michael Clayton. Aunque concebida como una comedia con puntas de romanticismo y acidez, su tema es serio: su protagonista (Clooney) es un ejecutivo cuyo trabajo consiste en crear las condiciones que justifiquen el despido del personal de las empresas para lograr una disminución en los costos y por lo tanto un aumento en las ganancias de sus dueños.

Ese trabajo obliga al personaje a viajar constantemente en avión, y de esa manera comienza a desarrollar su pasión secreta: alcanzar el millón de millas con su tarjeta de la compañía aérea. En uno de sus viajes conocerá (y se enamorará de) una pasajera (Vera Farmiga), y asomará en su vida la posibilidad de replantearse muchas cosas. Las situaciones se complican cuando una colega ambiciosa (Anna Kendrick) le ofrece a su jefe (Jason Bateman) un nuevo método para despedir gente sin tener que viajar.

El asunto proviene de una novela publicada hace siete años por el escritor Walter Kirn, quien ha narrado que la idea se le ocurrió mientras viajaba en avión a Los Angeles. Entabló una conversación casual con su compañero de asiento, y le preguntó de dónde era. El hombre contestó que vivía ahí mismo, en el asiento del avión. Antes tenía un apartamento, pero como su trabajo lo obligaba a viajar constantemente decidió abandonarlo y vivir en hoteles. Ese desconocido con quien mantuvo una breve conversación y luego salió de su vida se convirtió en el germen del personaje protagónico de la novela de Kirn.

No es difícil establecer algún paralelismo entre el protagonista de Amor sin escalas y el de Gracias por fumar, la primera película del director Jason Reitman. En ambos casos se trata de individuos carismáticos que desempeñan tareas desagradables: en el film anterior se trataba de promover las virtudes del tabaquismo y ahora de cómo dejar a la gente sin trabajo. Las bellezas del capitalismo global, como ha dicho alguien.

El director Reitman ha sostenido que percibe la película como la historia de un individuo enfrentado a la necesidad de aceptar que pese a su autoconvencimiento de estar viviendo una vida "completa", ha perdido de vista algo esencial: la responsabilidad de formar parte de algo mayor.

En opinión de Reitman, su protagonista le teme a la idea de integrar una comunidad, arraigarse, comunicarse realmente con otros seres humanos. Viajar constantemente le sirve para eludir los compromisos permanentes, es su manera de escapar.

El cineasta insiste en que su película es la exploración de una sociedad en la que todos usan teléfonos celulares, envían y reciben mensajes de texto, y suponen que por eso están más comunicados. "En realidad", agrega, desmintiendo esa idea, "las personas ya ni siquiera se miran a los ojos y cada vez tenemos menos relaciones verdaderas".

En su opinión, la vida del personaje de Clooney en los aeropuertos es una metáfora de todo eso: la uniformidad, la despersonalización, la falta de individualidad. En un aeropuerto, observa el director, "inmediatamente sabemos dónde está todo; tienen las mismas tiendas, los mismos restaurantes, los mismos periódicos". Uno se siente cómodo en ellos debido a ese reconocimiento, pero no es un hogar. "Estamos tan globalizados que hemos perdido el significado de lo que es una comunidad", concluye.

Mientras escribía el guión, Reitman ya estaba pensando en Clooney como protagonista. Una película con un personaje que tiene un trabajo como ese, y al que le gusta vivir solo, necesitaba un intérprete seductor y carismático, capaz de generar en el espectador sentimientos contradictorios. A Clooney lo han comparado con Cary Grant. Podía servir.

Al parecer, congeniaron de inmediato. El actor ha dicho que Reitman es uno de los mejores directores con que haya trabajado, al nivel de los hermanos Coen o de Steven Soderbergh, y que ha ido mejorando película tras película. "Es agradable. Es listo. Es un tipo completo. Lo odio", sostiene con humor.

Para Clooney este año ha sido particularmente activo. Regresó a la televisión para los capítulos finales de E.R., sala de urgencias, la serie que lo catapultó a la fama; ha actuado en dos películas (Amor sin escalas y la comedia antibélica The man who stare at goats, cuyo elenco incluye a otros famosos como Ewan McGregor, Jeff Bridges, Kevin Spacey y Robert Patrick), y proporcionó su voz para una animación (The fantastic Mr. Fox). Actualmente rueda The american, un `thriller` ambientado en Italia acerca de un asesino profesional, y su nombre suena como posible protagonista de The descendants, el nuevo proyecto de Alexander Payne, el director de La elección y Las confesiones del Sr. Schmidt.

UNA NUTRIDA TRAYECTORIA COMO ACTOR Y REALIZADOR

BATMAN Y ROBIN (1997). Hasta los mejores tienen sus tropiezos. Clooney trata de permanecer oculto tras la máscara de murciélago, en la peor película que se haya hecho sobre el Señor de la Noche. Honestamente, no fue su culpa. Se lo perdonamos.

bUENAS NOCHES Y BUENA SUERTE (1999). Como actor se reservó un papel secundario mientras ocupaba el sillón del director en este espléndido drama sobre la libertad de expresión y la responsabilidad periodística en la sociedad democrática.

LA GRAN ESTAFA (2002). Una de sus habilidades ha sido saber combinar la inquietud con la comercialidad y el estrellato. Junto a películas más comprometidas, estuvo también en franquicias muy populares como la que este film de Soderbergh inició.

Quémese después de leerse (2008). Cómplice frecuente de los hermanos Coen ("¿Dónde estás hermano?", "El amor cuesta caro"), volvió a trabajar con ellos en esta comedia negra sobre dos idiotas en cuyas manos caen secretos de la CIA.

Un director que ha exhibido un perfil inteligente y con inquietud

El director y libretista de Amor sin escalas, Jason Reitman, nació en Montreal, Quebec (Canadá) en 1977. Es el primero de los tres hijos del productor y director Ivan Reitman (Los cazafantasmas, Un detective en el kinder).

A fines de los años ochenta, Reitman comenzó a aparecer en pequeñas piezas y actuando en calidad de asistente de producción de películas de su padre, y allí comenzó a interesarse en el cine. Sin embargo, en lugar de emprender una carrera comercial comenzó a filmar algunos cortos más personales, y también hizo cine publicitario. También desempeñó algunos trabajos como actor.

Llamó la atención con su primer largo como realizador, la comedia contra el tabaquismo Gracias por fumar (2005), y fue candidato al Oscar como mejor director por el segundo, La joven vida de Juno (2007). Un hombre que promete.

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