Cordura se requiere

Pasado el torbellino de campañas y elecciones en sus tres etapas y consagrada la fórmula triunfante de Mujica y Astori, ha comenzado la época de las pujas y negociaciones entre los distintos grupos que integran las filas del oficialismo, junto a las interrogantes surgidas a partir de la declarada intención por parte del vencedor, de invitar a la oposición a participar en el nuevo gobierno. No se sabe bien cómo ni dónde, por el momento. A diferencia de lo ocurrido durante la actual monocromática administración y en consonancia, a decir verdad, con los sondeos de opinión, indicativos de un deseo mayoritario entre el común de la gente de que el pasado absolutismo a todo nivel, no se repita.

Sonaron muy bien las palabras del presidente electo con su llamado a combatir el triunfalismo, reconociendo que había casi una mitad del país que apoyaba la candidatura de su adversario. Fue un acto de hidalguía y sapiencia no haber ignorado esa realidad. Una actitud conciliadora, apreciada por quienes no son sus seguidores, así como por los observadores extranjeros, pues con ello se dio una imagen de respeto y civismo. Ahora se ha entrado ya en otro terreno, el de la "realpolitick".

Empezaron a oírse las aspiraciones y reclamos de distintos grupos y sectores, como por ejemplo el del Pit-Cnt, que al mismo tiempo de festejar el reciente triunfo del FA, partido al que se abrazaron y por el que han militado sin el menor disimulo, poniendo en claro, por si cabía alguna duda, que actúan como un brazo político del mismo, más que como una asociación puramente gremial. Pero sería peligroso para la estabilidad económica del país, que continuara a ritmo semejante, la escalada de salarios que se ha dado en estos años. Como lo han dicho claramente los economistas, aun cuando la inflación se entiende que cerrará este año alrededor del 5,7%, o sea dentro de las metas del Banco Central, hay que tener cuidado por varios motivos.

Si la economía sigue recuperándose, los precios podrían subir más aceleradamente que hasta hoy, a resultas de la demanda interna que debería acompasarse con la externa, para que no se siga apreciando la moneda. El gobierno no debería continuar con la tendencia de estos años, en cuanto a suba de salarios. Un hecho que sin duda contribuyó a la reelección del candidato oficial, más allá de simpatías, fanatismos, propaganda, o apoyo mediático como el que evidentemente tuvo, porque es sabido que el bolsillo cuenta mucho al momento de elegir.

Hay factores que inciden en la suba del IPC que es el impuesto más injusto, pues castiga a pobres y ricos por igual, y algo muy malsano, que distorsiona toda la actividad económica. Si bien por un lado, es una excelente noticia que los precios de las materias primas hayan vuelto a situarse en una escala ascendente, como ha venido ocurriendo en los últimos meses, ello puede traducirse también en una presión inflacionaria, y no es aconsejable que se produzca un recalentamiento de la economía.

Por estos motivos, es importante que el próximo gobierno no siga inclinando demasiado la balanza para el lado de las exigencias del Pit-Cnt. En el 2009 el salario medio real subió más de un 7%, acumulando así un crecimiento del 30% desde los mínimos del 2004, luego de experimentada la crisis del 2002-2003. En la actualidad, los dirigentes sindicales deberían ser capaces de mostrar la suficiente madurez como para que en la próxima ronda de Consejos de Salarios, prime la sobriedad. Lo cual no es poco pedir, ya sea para un lado como para el otro. Pero no habría que perder las esperanzas de que la cordura finalmente se imponga, para que la relación entre sueldos y productividad tenga su lógica.

De forma de que se facilite la creación de empleo, ya que es a través del trabajo y el aumento de la ocupación como verdaderamente se combate la pobreza y la marginalidad. Y no como suelen hacer ciertos gobiernos que priorizan el fomento del paternalismo. Por medio de "políticas sociales", que al tiempo que suponen un loable fin, el de socorrer a los más necesitados, en el fondo de lo que se trata es de una estrategia útil para mantener y controlar a una gran masa de personas que difícilmente pueden llegar a levantar alas e independizarse y, en cambio, dependen de las dádivas de quienes detentan el poder para su subsistencia.

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