Pocas veces en su larga carrera, el manchego Pedro Almodóvar había tenido un acierto más redondo y más disfrutable que en Volver, comedia negra en la que jugaba con asesinatos y fantasmas. Y pocas veces, lamentablemente, ha pisado en falso como en Los abrazos rotos, una película interminable, errática, desprolija y pretenciosa que ahora confirma los pronunciados altibajos de su actividad profesional, porque se trata de una historia despojada del sentido del humor y de la burla al repertorio `kitsch` que han sido las mejores armas del arsenal almodovariano. Esos son los riesgos que corre un realizador intuitivo, que no se guía por la disciplina sino por las ráfagas de un ingenio que a veces acierta y otras veces falla.
El tema, que aspira a tener un alcance pirandelliano, se plantea entre un libretista cinematográfico y la mujer de la cual está enamorado, cuyo amante (rico y viejo) financia la película escrita por ese protagonista. Todo se hamaca entre la realidad y la ficción, alrededor del dato irónico de que el guionista ha quedado ciego. Pero ni siquiera esa broma es una novedad (ya la utilizó hace poco tiempo Woody Allen en La mirada de los otros) y lo peor es que el relato salta repetidamente del pasado al presente sin adquirir otro valor narrativo que no sea el de su divagación. Al margen de Penélope Cruz, que es ciertamente una actriz aunque aquí no tenga un papel digno de sus posibilidades, todo el resto es vago e inconducente, además de largo. Qué lástima.
Los abrazos rotos
ficha
España 2009. Dirección y libreto: Pedro Almodóvar. Fotografía: Rodrigo Prieto. Música: Alberto Iglesias. Producción: Agustín Almodóvar, Esther García. Intérpretes: Penélope Cruz, Lluis Homar, Blanca Portillo, José Luis Gómez.
atención a...
Los paisajes volcánicos (presumiblemente de las Islas Canarias) en que está fotografiada una parte del relato, y que podrían haber sido un reflejo de las oscuridades sentimentales a que alude la historia. Pero no lo son.