El juego de una pareja extraña

MATÍAS CASTRO

En Uruguay la lista de parejas de la farándula (que más bien se resume a quienes aparecen en televisión) es bastante breve. Por supuesto que las hubo, hay y habrá, pero la cuestión mediática no es algo que las toque particularmente, salvo unas pocas excepciones, como la que vivieron Martín Sarthou y Eunice Castro en su momento. Entre esas contadas excepciones está la de Gaspar Valverde y Karina Vignola.

Ellos dos constituyen la pareja de mayor presencia mediática en nuestro medio. No en vano conducen un programa llamado Terapia de pareja y ya no hacen más Ojo al piojo, la producción anterior que tenían en Canal 4. He escuchado algunas críticas hacia el humor de Valverde y también hacia la actitud de Vignola, pero se hace bastante evidente que la forma de ser de ambos por separado ha pegado muy bien ante una parte importante del público uruguayo de televisión. Y cuando actúan como pareja, que es durante la mayor parte del programa, logran una química que tiene pocos puntos de comparación en el Río de la Plata, o al menos hasta donde yo puedo darme cuenta.

La naturalidad en la relación de los dos y ante cámaras tiene mucho que ver con que ambos tienen detrás unos cuantos años de televisión y con que su pareja se formó, en sentido figurado, ante las cámaras. Y si bien la cuestión de la persecución a los "famosos" uruguayos es relativamente nueva, ellos conocen los códigos de la televisión y la proyección que esta trae, y por eso mismo manejaron con bastante elegancia todo el seguimiento que hubo sobre el embarazo y luego el nacimiento de su hija Luana, hace poco más de un año. Con Terapia de pareja lograron un equilibrio particular entre el disfrute de la exposición de su vida privada y el no dejarse llevar por la ilusión de ser estrellas en un medio en el que la fama tiene alcance relativo. Su truco está en el juego entre esos dos puntos.

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