El país de las mitades

El domingo 29 los uruguayos decidiremos quién será el futuro presidente, si Luis A. Lacalle o José Mujica. Aunque según todas las encuestas el claro favorito es Mujica, hay que esperar al día de la elección para confirmar este pronóstico. De lo que no hay dudas es que la votación confirmará la existencia de un país políticamente dividido en dos bloques. Entonces, cabe la pregunta sobre cómo será la gobernabilidad en los siguientes cinco años.

Si gana Lacalle, estaríamos frente a un caso de lo que en ciencia política se llama "gobierno dividido"; esto quiere decir que el Ejecutivo está en manos de un partido distinto al partido que controla el Legislativo. No se trata únicamente de un gobierno que no cuenta con mayoría parlamentaria, ya que esto ha sido lo normal en Uruguay desde la transición a la democracia, con la excepción del actual gobierno de Tabaré Vázquez. Un "gobierno dividido" existe cuando un partido distinto al del presidente tiene la mayoría absoluta en el Parlamento, con lo cual puede dificultar o impedir la aprobación de leyes enviadas por el Ejecutivo. La campaña de Lacalle ha tratado de hacer de esta debilidad una fortaleza, planteando que esta situación representaría un equilibrio de fuerzas entre el Frente Amplio (FA) y el resto de las fuerzas políticas, es decir, entre las dos mitades políticas del país. Lo cierto es que si el Partido Nacional (PN) ganara la Presidencia, debería convocar a colorados e independientes a formar el próximo gobierno, pero como solo con el apoyo de estos no lograría la mayoría parlamentaria, también debería tener que acercar al FA, o al menos lograr el apoyo de algunos de sus parlamentarios, lo que parece más difícil de conseguir.

Según los sondeos de opinión, el escenario más probable es que Mujica sea el próximo presidente, y si ese fuese el caso, repetiríamos la situación actual en la que tenemos un "gobierno unificado": el control del Legislativo y del Ejecutivo está en manos del mismo partido. En ese caso, el FA no tendría por qué buscar apoyos extrapartidarios, reeditando la experiencia de los pasados cinco años. Sin embargo, en los últimos días, Mujica ha declarado repetidas veces que su intención es que el PN coparticipe en el gobierno, al menos integrando los directorios de los entes autónomos y, de esta manera, ejerza la función de controlar al gobierno. Aun más, el candidato por el FA anunció que no descarta que algún líder nacionalista pueda ser ministro, aunque esto dependería de los acuerdos programáticos que se lograran entre los dos partidos. Desde la fórmula del FA se manifestó que las áreas donde hay posibilidad de un acuerdo nacional sobre políticas de Estado son seguridad, educación, cambio climático y energía. Sin embargo, la respuesta de Lacalle a la participación blanca en un posible gabinete del FA fue negativa.

Tanto la propuesta del FA como la negativa del PN pueden ser vistas como movimientos de campaña, propios de quien va primero (e invita al posible perdedor) y de quien va segundo (y reniega de la colaboración porque no quiere ceder antes de tiempo). Es posible que sean promesas que se las lleve el viento. Sin embargo, en un país divido en dos bloques sería interesante que la coparticipación, ganara quien ganara, se llevara a cabo.

Existen muchos estudios politológicos que demuestran que cuando los países se polarizan y dividen políticamente, las políticas que se implementan tienden a ser centrífugas (apuntan a los extremos) y, por lo tanto, al cambiar de gobierno, las políticas varían de un extremo a otro. Por el contrario, cuando el sistema de partidos no está polarizado, las políticas que se implementan tienden al centro (son centrípetas) y no varían significativamente con el cambio de partido en el gobierno. Uruguay tiene problemas que parece poco realista pensar que se puedan solucionar en cinco años, ni siquiera posiblemente en diez. Por lo tanto, sería bueno que cualquiera sea la "mitad política" que gane, tenga en cuenta a la otra mitad para poder construir políticas de Estado estables, que trasciendan a quien le toque el turno de gobernar y puedan realmente generar un "país de primera", "independiente, justo y próspero" como proponen unos y otros.

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