Tormenta de samba reggae

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SEBASTIÁN AUYANET

Este jueves, el Teatro de Verano se convertirá en un recoveco más del barrio que a ritmo de batucada y tronar de tambores se volvió patrimonio del mundo e insignia del sincretismo, la mística y la imaginería de Bahía.

Casas de arquitectura colonial pegadas una a la otra en una paleta multicolor y calles estrechas en curva definen a esta especie de Reus multiplicado varias veces. El museo de la ciudad y la casona de Jorge Amado son apenas dos de los sitios por los que habría que pasar para tachar la lista de impostergables en una visita a Salvador de Bahía; pero a la vuelta de cualquier esquina puede irrumpir el sonido de un trueno de tambores capaz de frenar cualquier itinerario turístico.

Por lo general, el estruendo viene del mismo sitio: el enorme local que Olodum tiene en medio del barrio para hacer sus ensayos abiertos.

Cada dos o tres veces por semana, el ensayo convoca a una enorme cantidad de visitantes que se acercan a tomar contacto con el envolvente sonido de ese rincón de la ciudad. Esto sucede con frecuencia desde hace casi veinte años, cuando Paul Simon los encontró y sumó al disco The Rythm of the Saints y el colectivo comenzó a ganar en visibilidad a través de la MTV, VH1 y cadenas musicales similares. No pasó mucho tiempo después de eso para que incluso en Uruguay y Argentina, la remera con el clásico símbolo hippie de amor y paz de colores rasta se volviera un objeto bastante visto.

Pero ese momento de despegue mundial de Olodum -se llama así por Olodumaré, que en lengua yaruba quiere decir "dios de los dioses"- está casi en la mitad de una historia que no se detuvo nunca desde 1979, cuando sus fundadores comenzaron a hacer andar un bloco para salir por el popular e inclusivo carnaval de Bahía. La idea era que los pobladores de Maciel y Pelourinho tuvieran un carro en el que pudieran saltar y bailar tan propio como las casas de colores de las que hace ostentación la zona.

Hoy, la intención de sumar gente del barrio sin demasiadas posibilidades de despegar en la vida va mucho más allá. Olodum figura como una Organización No Gubernamental (ONG) que desarrolla acciones contra la discriminación racial y "estimula la autoestima y el orgullo de los afro-brasileños", según explican en su sitio web.

Algo de eso (la reivindicación de la negritud, la queja contra la discriminación racial) se vio en 1994, cuando otra estrella pop se valió de eso para un nuevo éxito y les dio otro envión mediático: Michael Jackson. Con ellos hizo el famoso video de la canción They don´t really care about us que volvió a cantar hace poco, en los ensayos previos a su tanda de conciertos finales This is it.

En ese entonces, el barrio de Olodum ya era todo Brasil, y sus proclamas de defensa a marginados y a los derechos civiles se proyectaban en giras y en otras disciplinas artísticas: la banda, un grupo de teatro que varios actores afines formaron hace diecisiete años y el edificio de la Escola Creativa Olodum, el lugar del que salen los sonidos de los tambores identificados con logotipo.

La mecánica de ingreso es simple: entran chicos y adolescentes, generalmente presas en ámbitos de pobreza extrema, y se instalan en alguno de los grupos. Percusión, teatro y danza son las opciones para labrarse una entrada e ingresar a la participación cívica a través del arte. Además, de la Escola salen cursos y seminarios, un programa de radio y un periódico.

La cuestión social no es lo único que ha legitimado el suceso de Olodum a nivel mundial. Musicalmente se les atribuye su contribución a la mezcla del samba con otros géneros. Varias figuras pararon sus orejas en dirección a Bahía cuando Olodum comenzó a experimentar con el jazz (Herbie Hancock), el pop (Carlinhos Brown), el rock (Charlie Brown Jr.) o el rap (Gabriel o Pensador).

Aún así, su logro más visible fue el desarrollar el samba-reggae que creó el mítico Neguinho do Samba y que popularizó el jamaiquino Jimmy Cliff en 1994 con una canción que lleva el mismo nombre. Cuando canta, Olodum prefiere contar su propia historia y hacer versos sobre la temática barrial en una lectura de lo urbano bastante más profunda de la que proponen géneros como el reggaetón de la boca para afuera.

Todo eso se anuncia en el espectáculo de la Banda Olodum, que fue creada en 1987 como una agrupación de percusionistas, bailarines y cantantes y que hoy suma capoeira y juegos diversos con fuego sobre el escenario.

El espectáculo que traen los bahianos se llama O povo das estrelas ("El pueblo de las estrellas") y conmemora precisamente el origen del samba-reggae a partir de los éxitos del grupo: Faraó, Protesto do Olodum, Rosa, Dogons, Requebra, I miss Her y Guia Olodum, entre otros.

Si el calor acompaña (ninguna fiesta es brasileña cien por ciento si está frío), lo de Olodum en el Teatro de Verano promete ser una completa celebración sanguínea y visceral de una cultura negra y brasileña que aún crea música reivindicando el mito de Gondwana, ese continente separado que forman Asia, África y Brasil y que en Salvador de Bahía todavía encuentran a su propia Roma Negra.

El arranque más potente para un festival con más visitas norteñas

Según la producción del evento, serán dieciséis los músicos de la banda Olodum que presentarán O povo das estrelas con puesta en escena original. El espectáculo está en el marco del segundo Festival de Brasil, que será inaugurado con un concierto de 40 minutos del uruguayo Daniel "Tatita" Márquez que, aclara la organización, no entregará un show como artista soporte, sino que será completo.

Las entradas para ver ambos espectáculos se consiguen en Redpagos de Montevideo y el interior a diferentes precios: $ 350, $ 525, $ 755 y $ 975.

La segunda etapa del festival llegará dentro de un mes y medio y será en Punta del Este. Será el 29 de diciembre y tendrá a Fernanda Abreu como invitada especial de Pedro Luis e A Parede (PLAP), en lo que será el cierre del evento que además conmemora los diez años de actividad de Jazz Tour como ciclo permanente de músicas del mundo.

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