O GLOBO | BERNARDO ARAÚJO
Cuando niño, Sting acostumbraba ayudar a su padre, Ernest, repartiendo leche en las casas de Wallsend, pueblito industrial del Norte de Inglaterra donde el pequeño Gordon Sumner nació y creció.
En invierno, padre e hijo eran los primeros en dejar sus pisadas en el suelo blanco, tras las nevadas de la madrugada. Además de recordar con cariño su relación con aquellos tiempos helados, Sting, hoy, se preocupa por el calentamiento global que, según él, puede terminar con la magia del invierno.
"Es una estación encantada, que estimula mucho la imaginación", dice por teléfono desde París, donde promueve su disco If on a winter`s night. "Los inviernos de los años `60, cuando crecí, eran mucho más rigurosos, y eso era parte de la magia. Son muchas historias, leyendas y canciones antiguas que hablan de eso. Algunas tiendas y parte de la prensa están clasificando el disco como álbum festivo, como si fuese un CD de Navidad. Está claro que la Navidad forma parte del invierno, pero mi idea no fue esa. Es algo mucho más amplio".
Para grabar el disco, Sting reunió dos de sus pasiones: la investigación musical y la preocupación ambiental. "Estoy siempre presente en Brasil con la Rainforest Foundation, que está cumpliendo 20 años", recuerda. "Pero no estoy en la primera línea. Contribuyo más recolectando fondos".
Él lamenta que, a tres semanas de la conferencia de la ONU sobre el clima, en Copenhague, los líderes mundiales reunidos esta semana en Singapur no hayan llegado a un acuerdo respecto a cortes en las emisiones de gases. "Los políticos sólo saben tomar decisiones a corto plazo, porque sus mandatos son cortos, de cuatro o cinco años", dice. "Están siempre atrás de las personas. Los ciudadanos comunes son más conscientes respecto a la relación con el medio ambiente, pero los políticos siempre demoran más. Creo que la destrucción de las selvas es la peor agravante del calentamiento global, más que la polución industrial o el uso de combustibles fósiles. Cuando fundé Rainforest, tenía esa impresión; hoy, tenemos seguridad".
Viejo amigo del país, Sting estará en Brasil el próximo fin de semana: el domingo se presenta en Sao Paulo, en el festival Natura About Us, vinculado a la cuestión ambiental, donde además tocarán el norteamericano Jason Mraz y los brasileños Lenine, Carlinhos Brown, Arnaldo Antunes y AfroReggae.
Los paulistas se pueden preparar para una tempestad de nieve en el calor de noviembre: el sonido folk, con tintas clásicas, medievales, de If on a winter`s night. "Haré un show con mis mayores éxitos, con mi banda de rock", aclara el cantor de 58 años. "Me gusta esa variedad. Lancé el disco en una catedral de Newcastle, en Inglaterra, con una banda enorme y una orquesta. Después fui tocando en estadios con esa otra formación. Lo principal es sorprender, primeramente a mí mismo".
Su última llegada a Brasil fue hace dos años, cuando al frente de Police, cantó para más de 70 mil personas, en el Maracaná. "Fue un encuentro muy divertido, muy exitoso, pero terminó, y no es necesario que ocurra de nuevo. Sigo cercado por músicos, formo parte de una banda, pero no más de aquella".
Siempre tocó con músicos brasileños, como Jaques Morelenbaum y Marcos Suzano, y aún en discos de sonoridad europea, como el actual, hay lugar para ellos. "Cyro Baptista es uno de mis percusionistas favoritos. Me gusta mezclar diferentes culturas y sonoridades en mis discos".
"Comenzamos a tocar en la cocina de mi casa en Italia (una propiedad de 600 acres en la región de Toscana), en enero de este año, cuando hacía mucho frío", cuenta. "Investigué músicas distintas del folclore europeo que hablasen del invierno. Cuando fuimos al estudio, mantuvimos ese clima intimista, como si estuviéramos en la cocina de mi casa". Así como en la hora de la investigación, el trabajo de estudio le encanta. "Son muchos detalles, pero es lo que vuelve interesante a un disco. Al final, soy aquel tipo que hace unos tres años intenta tocar el laúd medieval de 23 cuerdas. Es una pesadilla. Pero creo que estoy mejorando".