CANELONES | PATRICIA MANGO
"Esta noche nos vamos", dijo el hombre de 47 años despidiéndose de tres de sus siete hijos, el lunes de noche. Horas más tarde mató a su hijastra a puñaladas y luego se ahorcó. El homicida mantendría una relación con la menor.
Los niños de los que se despidió habían ido a visitarlo a la humilde casa que compartía con su hijastra Estefani Monzalvo, de 15 años, en el barrio Villa Montero de Suárez. Varias versiones indicaron que la menor estaba embarazada.
Ayer de madrugada, la Policía encontró los cuerpos de la menor y de su padrastro en la vivienda que compartían desde hace dos años. De acuerdo a una extensa carta que él escribió, la adolescente salía con varias personas a las que mencionó. En la misiva, relató que estaba "cansado" de que abusaran de ella. Esto disparó sus celos, según se desprende de la actitud que finalmente tomó al asesinarla.
En tanto, las versiones indican que la relación entre ambos era de mutuo consentimiento. Vecinos indignados dijeron a El País que la situación "extraña" se había evidenciado incluso en la escuela 151, a la que asistía la adolescente, y que la denunciaron en "varias Ong", dijeron. Pero como resultado "nadie hizo nunca nada", sostuvieron.
Fuentes de la investigación indicaron que si bien estaba registrada como alumna prácticamente no concurría.
No obstante, no hay ninguna denuncia policial al respecto en la Seccional 16ª de Suárez. Cuando Estefani tenía 13 años su madre y el hombre comenzaron a vivir juntos.
La madre de la fallecida, declaró ayer en el juzgado de Paz de Suárez y se preveía su comparecencia pronto, en la sede judicial penal de Pando. Según trascendió, admitió que entre su ex pareja y la menor existía una relación de mutuo consentimiento. Y arguyó este extremo (entre otros) para haberse ido de su casa y dejar a la adolescente menor con su padrastro. El hombre, de 47 años, tenía antecedentes por disparo de arma de fuego, aunque nunca estuvo preso. Pese a ello, el parte oficial de Prensa de Jefatura no develó su nombre.
INDIGNACIÓN. La vivienda donde sucedió el trágico hecho, la compartían el hombre y su hijastra desde hace dos años. Se trata de una estructura de bloques y costanero.
Un cartel manual ubicado en la entrada revela la actividad del hombre: venta de "corderos, ovejas y capones". Es en el barrio "Villa Montero" que linda hacia el oeste con Barros Blancos y al norte con Pando.
Vecinos del homicida miraban ayer espantados desde la calle el movimiento en la humilde vivienda. Todos los que estaban presentes hablaban entre sí pero no querían dar entrevistas. Sin embargo, en voz alta comentaban que: "esto se venía venir". Coincidieron en que desde hace dos años, la madre de la joven y su matador, comenzaron a vivir juntos hasta que la mujer se fue.
La situación incomodaba al vecindario. Según comentaban, él "no tenía relacionamiento con nadie, sólo con su familia que vive al lado".
Ayer, los hijos del hombre lloraban en la calle mientras la camioneta de la Policía se llevaba el ataúd con los cuerpos.
La gente que se había reunido a observar, se retiró cuando el vehículo oficial partió rumbo a la morgue de Pando. Iban todos abrazados, comentando en voz baja y llorando. Hoy continuarán las actuaciones y podrían ser citadas las personas mencionadas con nombre y apellido por el homicida en su último mensaje.
Homicida arrastraba a su víctima en una frazada
Un hombre de 70 años fue visto por varios vecinos cuando arrastraba un pesado bulto envuelto en una frazada, intentando alejarlo de su casa. La situación quedo al descubierto cuando los vecinos vieron como de la frazada se escapaba el brazo de un hombre. El brazo pertenecía a Walter Segundo, de 59 años, que había sido ultimado a fierrazos por el hombre de 70 cuando discutían alcoholizados. Fue en una precaria vivienda de Camino Las Flores 4470, en Manga. Al parecer, el homicida lo golpeó y se acostó a dormir. Cuando despertó vio que estaba muerto e intentó deshacerse del cuerpo.