REBAR
Es muy difícil recordar a algún presidente, jefe de Estado o primer ministro, que haya viajado tanto en tan poco tiempo, como Cristina Fernández de Kirchner.
En el lapso relativamente corto de su mandato (¿mandato?), fuera de pasar una temporadita en Olivos, unas semanas en la Casa Rosada, y períodos de reposo en El Calafate, el resto se lo saltó a la torera -dijeran los españoles o, como digo yo, se lo voló en los aviones-.
Aunque la mayoría de las veces el resultado final de sus giras se reflejara tan solo en una foto con el gobernante del país visitado, lo cierto es que insistirá en esa política de acercamiento -riesgosa cuando posa con "titanes del ring" que conviene mantener a distancia, como el pirata Chávez y el filibustero Berlusconi- hasta el término de su ciclo presidencial, fijado por la Constitución argentina (tan elástica ella)... pero que, en su caso, podría verse acortado por algún imprevisto, acaso derivado de una intrusión de las que suele cometer su esposo en la gestión gubernamental.
En su agenda internacional, están previstos varios compromisos que "Cris" enfrentará como locataria en determinadas ocasiones, y de visitante en otras. En la primera condición, planificó recibir en el corriente noviembre al "tío Hugo", con quien viajará a Entre Ríos para demostrarle a la población provincial que ese individuo existe y no es, como muchos creen, un personaje de historieta que fija a sus compatriotas los minutos para ducharse y cumplir otras sagradas funciones que tienen al baño como escenario histórico. Luego, una delegación israelí encabezada por el presidente Shimon Peres llegará a Buenos Aires para tender una línea de conversaciones empresariales entre representantes de ambos países, acerca de las cuales dirá la última palabra, como siempre, el señor K: y se anuncia que el próximo lunes 23 de noviembre, le dará la bienvenida al primer ministro palestino Mahmoud Abbas, quien tras el diálogo con Cristina, con tres traductores simultáneos de cada lado, retornará a sus lares comentando que en todas partes se cuecen habas.
Los sucesivos despegues desde Ezeiza que figuran agendados, alternan con destinos a Brasil, Estoril, y Montevideo, donde en la segunda quincena de diciembre se realizará la Cumbre (¿no será una montañita?) de presidentes del Mercosur que acaso trataría, entre diversos asuntos importantes para el futuro de la región, el formidable avance de la merca en el sur del continente de los conductores exóticos.
Es justo consignar que, entre tanto viaje inútil, se mezcló uno realmente positivo: fue el que hizo recientemente a Chile la presidenta argentina, para entrevistarse con Michelle Bachelet, y acordar la construcción de dos túneles internacionales en los Andes, mediante una inversión de 4.300 millones de dólares.
Desde el fondo de la historia, San Martín se pondrá a reflexionar: "Qué mala suerte. Si hubiese esperado un poquito más, con estos túneles me habría evitado todas las molestias del cruce de los Andes".