ALEJANDRO NOGUEIRA
Luce claro que las fuentes que dieron información al diputado Gustavo Borsari fallaron en algunos puntos importantes (la rubia, el coronel cubano) y que en la "interpelación" solo quedó en pie la presunción de que una organización, probablemente terrorista, probablemente de izquierda, quizá de derecha, está en torno a este caso. La presunta vinculación de esta organización con Julio Marenales o con José Mujica no volvió a mencionarse.
También luce claro que los tiempos no acompañaron la estrategia de los partidos tradicionales de asociar al Frente Amplio con el arsenal. Desde que se descubrieron las armas de la calle Elba el viernes 30 y luego de los episodios de Shangrilá del sábado 31 que culminan el domingo 1º con la muerte del misterioso economista (y, lo que es peor, de un policía), el caso aparecía como una extraordinaria oportunidad para el complejo escenario del balotaje pese al inesperado riesgo que entrañaban esos dos cadáveres. Pero recién el jueves 3 el tema estalla electoralmente en los medios pese a la lluvia de versiones que llegaban a los periodistas en los días previos. El semanario Búsqueda publica una curiosa nota con una serie de preguntas del ex presidente Jorge Batlle a manera de "declaración" formulada a la publicación que carece de repreguntas al histórico líder colorado. El mismo día, más cauto, el candidato Luis Alberto Lacalle, instala la tesis de una vinculación entre Feldman y el terrorismo desde el diario argentino Clarín, sin asociarla a dirigentes concretos de la izquierda. El tema será retomado por Borsari con señalamientos bien concretos y precipitando el llamado a sala de los ministros de Interior y Defensa.
La cuestión era cómo mantener la duda los 24 días siguientes y es aquí donde los tiempos no alcanzaron. Batlle fue convocado el mismo jueves por el juez Jorge Díaz y no pudo aportar pruebas de sus inducciones, reconociendo que se trataba solamente de manifestaciones políticas. Todo el país esperaba nuevos elementos en la "interpelación" de Borsari cinco días después, pero solo quedaron dudas razonables, especulaciones, y errores de información del interpelante. Hasta aquí los hechos; al menos algunos hechos, porque falta aún mucha información sobre el caso Feldman y el arsenal que el gobierno y la causa judicial deberán aportar en los próximos días, cuanto antes mejor. Como deberán también, cuanto antes, informar como se reprimirá a esta organización, sea de izquierda o de derecha.
Desde un punto de vista estrictamente político, por el balotaje, la estrategia opositora parece haberse agotado, a menos que surjan nuevos elementos estos días. Y no solo eso, el episodio puede resultar un boomerang muy contraproducente para la fórmula blanca al que puede sumarse, además, un contraataque letal del oficialismo. Habrá ciudadanos impactados por un posible revival del triste pasado de violencia asociado a figuras como la de Mujica; pero también habrá otros que reaccionen ante tácticas gastadas.
El primer efecto Feldman fue liquidar el debate de las fórmulas, una baza conveniente para la dupla nacionalista y riesgosa para el FA, que encuentra en estos episodios una polémica pero plausible excusa para negarse. Otro efecto es a mayor plazo, porque las posibilidades de acuerdos políticos globales en 2010 quedan seriamente comprometidos, especialmente para una coalición que, si gana, ya tiene asegurada la mayoría parlamentaria. Si debatir es un riesgo innecesario, cogobernar es una cortapisa más innecesaria aun.