LONDRES | THE ECONOMIST
Europa Central, 20 años después, mirada desde 1989, hubiera parecido una ilusión. Una generación creció en sociedades libres y regidas por la ley. Quedó demostrado que el temor a la ruina económica y el caos político no tuvieron fundamento.
Diez países se incorporaron a la Unión Europea (UE). Otros dos -Croacia y Albania- se integraron a la OTAN. Ante todos los problemas sin resolver y los nuevos que enfrenta la región, son los ciudadanos y no los de afuera, quienes deciden quién gobierna y cómo. Jueces, abogados y policías se han liberado de los grilletes del control del Partido Comunista. El sistema judicial puede ser lento, los políticos son entrometidos y los sobornos constituyen un problema, pero nadie puede contar con la impunidad.
La enorme excepción ha sido Yugoslavia, que era vista en 1989 como una matriz étnicamente múltiple y de pluralismo, una estación a mitad de camino entre el socialismo de planificación centralizada y el duro y distante mundo del capitalismo occidental. Es un ejemplo, pero sin duda, lamentable. Durante una década, el mundo externo fue incapaz de de frenar a las arrasadoras milicias etno-nacionalistas que hestaban convirtiendo antiguos pleitos en venganza sangrienta. Unas 140.000 personas murieron en las guerras en Bosnia, Croacia y Kosovo, a medida que políticos autoritarios purgaron a sus países de aquellos a los que veían como subversivos y subhumanos. Eso fue por lejos lo peor que se vio en Europa Central antes de la guerra, aunque todavía palidece en comparación con los horrores de la era nazi. Aun fuera de la ex Yugoslavia, ideas autoritarias y fanáticas todavía embrujan los márgenes de la política. Partidos explícitamente racistas vienen y van en algunos Parlamentos. En Eslovaquia, uno de esos partidos integra el gobierno. Sin embargo, en ningún país durante los últimos 20 años lograron total poder político. Es un motivo de alivio y orgullo.
CAMBIOS. Los logros económicos son apenas menos asombrosos. A fines de 1989, era fácil imaginar a la región quedando atascada en la pobreza por décadas. Sólo los que tenían más de 60 años recordaban como funcionaba una economía de mercado. Durante décadas, la propaganda oficial había denostado al capitalismo como similar al canibalismo. Las industrias eran propiedad del Estado y dirigidas por personas designaas por el partido. Administrar significaba buscar recursos y luego acapararlos, sin abordar los costos, oos clientes y la competencia. El comercio exterior involucraba luchar con los planificadores estatles en rusia y no cerrar acuerdos en inglés.
Aun otorgando, la fuerza de voluntad para estabilizar la economía, privatizar la propiedad estatal y liberalizar los mercados, ¿funcionaría? Como apuntó Lech Walesa, el primer presidente de posguerra elegido libremente en Polonia, es fácil transformar un acuario en sopa de pescado. Revertir el proceso es mucho más difícil.
Pero, los precios libres, el tipo de cambio libre, el comercio exterior libre, los mercados laborales libres y la privatización han demostrado ser un éxito colosal. La posibilidad de ganancias liberó los talentos reprimidos de millones de emprendedores. Los inversores extranjeros, frenados primero por la falta de servicios como telefonía, llegaron en masa, haciendo una enorme transferencia de conocimientos.
Gran oportunidad de los jóvenes
Londres | La vida en la Unión Europea (UE) ha mejorado en varios aspectos. Las fronteras, que en otros tiempos estuvieron cerradas al estar minadas, ahora son solo líneas en los mapas. Se puede viajar en auto desde el Mar Báltico hasta el Mediterráneo sin mostrar el pasaporte. El agua y el aire son más puros que en 1989.
En los casos de los jóvenes, flexibles y ambiciosos, los últimos 20 años han sido de auge. Para los perdedores -los ancianos, los tímidos y los opacos- la vida ha sido un duro castigo. Sin embargo, fuera de la ex Alemania Oriental, la nostalgia del pasado no tiene lugar en la política. Sólo en la República Checa un Partido Comunista todavía tiene un papel político. En otros lugares, los antiguos internacionalistas proletariosse han cambiado de denominación, pasando a llamarse arteramente como centro-izquierdistas.
La gran desilusión es que la elite del antiguo sistema sigue teniendo poder y riqueza y tienen mejor desempeño administrando el capitalismo que condenaron que el socialismo que predicaron. THE ECONOMIST