Berlín | Una joven alemana del este llamada Angela Merkel, de profesión física, retornaba a su hogar después de su vivista semanal a un sauna y de haber tomado una cerveza con una amiga, cuando fue envuelta por la multitud en éxtasis que cruzaba la frontera en la Calle Bornholmer, en la noche en que cayó el Muro de Berlín.
Ahora, como canciller de la reunificada Alemania, Merkel recordó que "fue un golpe de suerte y no un acuerdo", lo que derivó en la caída del muro. "Fue el destino de una generación que esencialmente tuvo que pagar por la ineficiencia de la economía de la RDA y cuyas expectativas no podían ser cumplidas".
Destacó el papel del movimiento Solidaridad en Polonia y la decisión de Hungría de flexibilizar los controles en la frontera con Austria, como elementos que llevaron al derrumbe del comunismo.
"Esta no es sólo una celebración de Alemania", dijo Merkel. "La Puerta de Brandenburgo se convirtió en un símbolo de toda Europa".
Al evocar los acontecimientos, Merkel describió a una mujer que llevaba un niño en brazos y cruzó a Berlín Occidental. El niño decía que quería dormir. La mujer terminó en un grupo de unos 10 alemanes orientales que festejaron bebiendo cerveza gratis que les dio un comerciante como bienvenida. The New York Times