Alfonso Lessa
En la corta campaña electoral que acaba de iniciarse de cara al balotaje, no hay espacio para los tropiezos: el triunfo del Frente lo deja en principio con cierto favoritismo, pero pensar que está todo dicho, sería un error. Negar que una campaña -por más breve que sea- pueda tener efecto alguno, sería negar la política y transformarla en el resultado de meros cálculos matemáticos.
En ese marco, el desempeño de los candidatos será crucial por lo que la competencia por los errores, debería dejar paso a la consistencia y el desarrollo de estrategias sólidas.
Esta es una necesidad acuciante, en particular para un Partido Nacional que sufrió una sangría importante de votos, en muy buena medida por errores propios, aunque también por la capacidad que tuvo Bordaberry para hacer volver gente a casa y captar a blancos disconformes con Lacalle.
El balotaje no constituye más que la tercera etapa de un ciclo electoral y no es posible, por lo tanto, creer que todo empieza de cero: no hay duda que pesarán el propio resultado del domingo y todo lo ocurrido hasta el momento.
Una semana atrás, los uruguayos vivían con enorme expectativa y con inocultables altibajos en sus estados de ánimo -incluyendo las derrotas de los plebiscitos- una elección que dejó una gran cantidad de elementos para el análisis y que planteó un nuevo escenario, aunque con algunos ingredientes conocidos.
El Frente ratificó que sigue constituyendo la mayor fuerza política con una ventaja considerable. También es cierto, como contrapartida, que por primera vez en su historia disminuyó sus votos en relación a las elecciones anteriores, que perdió respaldo en Montevideo y que estuvo lejos de los niveles de apoyo a la gestión de Tabaré Vázquez.
En el corto plazo, el triunfo, de todos modos, lo dejó muy bien ubicado en el punto de partida: con mayoría parlamentaria y con un piso muy cercano al cincuenta por ciento para el balotaje. En ese sentido, también parece relevante el equilibrio interno de fuerzas: aunque también es la primera vez que una fuerza política se repite como la mayoría del Frente (Espacio 609), los sectores que apoyaron a Mujica y los que respaldaron a Astori, quedaron en una virtual paridad que influirá en el futuro, cualquiera sea el resultado del balotaje. Este hecho muestra otra vez los problemas de sus viejas estructuras que no están acompasadas a los tiempos actuales ni representan el pensamiento de sus votantes: el apoyo de Mujica en el Congreso, fue mucho mayor del que logró en las internas y ni que hablar en las elecciones del domingo pasado. Es decir que el triunfo aplastante en la estructura, se debilita de manera proporcional a la cantidad de gente que participa en las decisiones.
Los blancos se disponen a dar una dura lucha por la Presidencia en el marco de una campaña que, seguramente, tendrá estrategias diferentes: los blancos apuntando a los flancos más débiles de Mujica tratando al mismo tiempo de exhibirse como garantía de experiencia y certidumbre; y los frentistas con la prioridad de proteger esos flancos débiles de Mujica, apelando a la fórmula, al equipo y -tal como adelantó Astori en la noche- de una suerte de plebiscito sobre dos gestiones y dos estilos de gobernar.
Ya se vislumbra, además, el papel relevante de los dos candidatos a vicepresidentes. En estos primeros días, por lo pronto, Larrañaga está teniendo un destacado protagonismo.