Arrepentidos dejan a La mafia italiana al desnudo

Caso. Vinculan a la Cosa Nostra con los servicios secretos

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PALERMO | EL PAÍS DE MADRID

Nuevos testimonios de arrepentidos confirman las negociaciones de los servicios secretos italianos con la Cosa Nostra en los años noventa, en plena ofensiva criminal.

No parece mala definición para Sicilia: el lugar donde nadie ve nada. La isla de la omertà. Hace sólo unas semanas, Silvio Berlusconi pareció conforme con esa forma de ver las cosas. El primer ministro afirmó que algunas fiscalías, entre ellas la de Palermo, estaban "malgastando el dinero de los contribuyentes" al investigar de nuevo las matanzas mafiosas que asolaron el país en 1992, 1993 y 1994.

A sus 73 años, Berlusconi ha sufrido demasiados disgustos con la justicia, pero lo cierto es que nunca fue condenado, cosa que no pueden decir algunos de sus colaboradores más cercanos, como Marcello dell`Utri.

Pero desde que el senador dell`Utri vuelve cada viernes a su tierra natal para asistir a las vistas de la apelación de su condena por complicidad con Cosa Nostra, algo muy profundo ha cambiado en Italia en relación con la mafia. Por primera vez, la burguesía mafiosa ha sido condenada, y en paralelo, nuevos arrepentidos han empezado a contar lo que saben. La "omertà" se ha roto: una parte de la mafia militar corrige sus viejos testimonios, mientras que la mafia política completa esa visión desde dentro.

La idea fundamental que emerge de estas revelaciones es que una parte de los servicios secretos de Italia negoció con Cosa Nostra desde 1992 para intentar frenar los efectos devastadores del maxiproceso que los jueces Falcone y Borsellino habían puesto en pie.

En este momento, cinco arrepentidos están contando a los magistrados un nuevo relato de aquellos convulsos años noventa. La actividad en las fiscalías de Milán, Palermo, Caltanisetta y Florencia es frenética.

Giovanni Brusca es quizá el arrepentido más fiable: no tiene nada que perder. Culpable confeso de más de 150 asesinatos, condenado a cadena perpetua, fue autor material del atentado contra Giovanni Falcone en el que murieron su mujer y tres escoltas. Confesó haber liquidado al juez Rocco Chinnici, el jefe de Falcone en Palermo, con sus escoltas, y a un pequeño de 13 años que secuestró durante dos años y acabó disolviendo en ácido para purgar la culpa de su padre, un arrepentido.

Otro arrepentido, el sicario palermitano Gaspare Spatuzza, reconoció ser el autor del atentado con coche bomba contra el juez Borsellino y sus seis guardias. Afirma que la mafia, que siempre había soñado con crear el partido Sicilia Libre, encontró "un nuevo referente político en Forza Italia y Silvio Berlusconi".

Pero el colaborador más importante de la justicia, por su condición de hijo de mafioso, no militar, sino político, es sin duda Massimo Ciancimino, el hijo menor de los cinco que tuvo don Vito Ciancimino (Corleone, 1924 - Roma, 2002). Don Vito era el respetable apéndice de la Democracia Cristiana en Sicilia. Trabajaba a la vez para el partido y para Cosa Nostra. Cuando era concejal de obras públicas, llegó a firmar 3.000 licencias de construcción por noche. Luego fue elegido alcalde por orden de Riina, pero sólo ejerció durante dos semanas. "Su lema era que la mafia no debe figurar en altos cargos", relata su hijo Massimo.

Nacido en Palermo en 1963, Massimo Ciancimino se crió odiando a aquel hombre que jamás hablaba con sus hijos. "Me encadenaba a la cama porque hacía ruido", recuerda. "Decía que yo era un comunista porque me tatuaba. La cadena medía 19 metros para permitirme ir al baño", cuenta.

Está en la mitad del juicio contra el general Mario Mori y el capitán Giuseppe De Donno, acusados de favorecer la huida del boss Provenzano en 1995 y 1996. Los fiscales sospechan que lo hicieron no tanto por ayudar al capo, sino para ocultar que habían pactado con el moderado Provenzano el final de las matanzas a cambio de estudiar las 12 condiciones.

El papello es la clave de la historia. Es un folio de papel con 12 puntos escritos a mano, en mayúsculas. La cúpula de Cosa Nostra se lo entregó a Vito Ciancimino, y éste lo hizo llegar a Mori. Diecisiete años después, su hijo Massimo se lo ha entregado a los jueces.

Entre otras cosas, los corleoneses exigían la revisión del maxiproceso, la abolición de la cárcel dura prevista por el Código Penal, la reforma de la ley de arrepentidos, el arresto domiciliario para los imputados mayores de 70 años, el cierre de las cárceles de alta seguridad; la detención solo en caso de flagrante delito, y la retirada de los impuestos de la gasolina para los habitantes de Sicilia.

El martes pasado, Mori afirmó que el Estado no negoció con la mafia. Ciancimino está de acuerdo: "No fue el Estado, fue una parte del Estado", dijo.

Ciancimino es un arrepentido excelente. Listo, pirata, rápido, simpático, millonario y mercader nato, fue condenado a 5 años y 8 meses en primer grado por extorsión. Le acusaron de reciclar 5 millones de la herencia de su padre. Pero él lo niega, y quizá con razón, porque los fiscales que le procesaron están, a su vez, procesados por conexiones mafiosas.

El pentito (arrepentido) tiene claro que el futuro será duro. Pero ha decidido hablar por su hijo, Vito Andrea. "Cuando de mayor lea que su abuelo fue un mafioso, espero que en ese libro haya aunque sea sólo una línea que diga que su padre luchó contra la mafia".

Acaba la sesión del juicio contra el general Mario Mori en Palermo y la escena es puro cine negro: los fiscales y los jueces salen en fila india escoltados por 4 guardias cada uno para llegar a sus despachos.

En uno de ellos está el fiscal Nino de Matteo, escondido tras una montaña de papeles. "Sí, es un momento crucial", afirma. "Hay muchas cosas que investigar. Y a los que dicen que estamos tirando el dinero de los contribuyentes, solo una cosa: no crean que nos van a intimidar. La mafia no estará muerta mientras haya políticos y empresarios que los apoyen".

¿Se sabrá alguna vez la verdad? "No ahora, la verdad en Italia sólo se conoce 40 ó 50 años después", responde el mafiólogo Francesco La Licata.

Una carta inédita desde la cárcel

Palermo | "Por mi padre pasaban casi todos los negocios y el dinero que generaba Cosa Nostra", declara Massimo Ciancimino, hijo de don Vito. Y agrega: "Con Roberto Calvi reciclaba el dinero de la droga en las cajas de seguridad del IOR, el banco vaticano, que más que el Instituto de Obras Religiosas era el Instituto de Operaciones de Reciclaje".

Estando preso en Roma, don Vito Ciancimino escribió el 22 de diciembre de 1992 una carta dolida, que su hijo mostró ahora por primera vez y en la que explica su estado de ánimo tras haber sido apartado de la negociación: "El hecho de mi arresto, determinado por intereses ocultos, ha confirmado mi convicción. ¿Qué perspectivas me quedan sino asistir impotente a mi condena, a mi fin? ¿La lenta agonía de la muerte? ¿Por qué? ¿Por quién? ¿Esperar la justicia de Dios? La justicia de Dios no existe". EL PAÍS DE MADRID

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