Vital el contrapeso

En los comicios del pasado domingo, la población a través del voto se manifestó sobre cuatro disyuntivas. Elegir al Presidente en primera vuelta o ir al balotaje; apoyar o no, el plebiscito que proponía el voto epistolar para los uruguayos afuera del país; respaldar la ley de Caducidad vigente o anularla (aberración jurídica mediante) y la integración del futuro parlamento.

De acuerdo a las expectativas del Frente Amplio, fracasaron en los tres primeros puntos y les fue bien en el último. Sobre todo si la Corte confirma, hecha la cuenta de los votos observados, que han obtenido la mayoría en ambas cámaras. Semejante resultado explica los rostros más preocupados que eufóricos, de los líderes del F A esa noche, empezando por el candidato a la Presidencia y su vice, dado que las urnas les resultaron menos favorables de lo que esperaban. Sólo lograron en esta instancia, uno de sus cuatro objetivos.

Como bien dijera el Dr. Luis Alberto Lacalle, candidato a la presidencia del Partido Nacional en la contienda definitiva, "la gente quiere un mes más para pensar y decidir," a quien elige Presidente, al tiempo que hizo saber de su rechazo a las propuestas plebiscitarias. Y si se observa que la ley del voto epistolar fue respaldada en bloque, por los legisladores del Frente en el Palacio Legislativo, con el estilo aplanadora practicado a lo largo de estos años, especialmente en las leyes de mayor trascendencia, (Ordenamiento Territorial, Reforma Tributaria, ley de Tercerizaciones, Reforma Educativa, etc.), surgen dos aspectos a ser sopesados.

Por un lado, que no todos los votantes frentistas, se sintieron representados por sus legisladores, ya que no había en el frentismo un apoyo total a esta ley tan mal ideada. Y por otra parte cobra notoriedad, lo peligrosas que son para el régimen democrático, las mayorías regimentadas. Riesgo que se potencia aún más, si el Presidente posee esa supremacía legislativa, en la que a su vez domina el número mayor de diputados y senadores de su propio grupo político, los ex tupamaros, aliados ahora con los comunistas del P.C.

Para que la democracia tenga mayores garantías, es de gran importancia que el 29 de noviembre se logre un contrapeso. (Estados Unidos es ejemplo de presidentes y mayorías de distinto signo). Que el Presidente electo sea una persona sobre la cual no haya ninguna duda en cuanto a sus convicciones democráticas, ni sobre su ser republicano. Luis Alberto Lacalle, el candidato nacionalista, ha dado pruebas de que sabe y entiende lo que es gobernar y conoce las responsabilidades que ese mandato implica, habiendo conducido ya al país con eficacia, en una época en la que no existían las condiciones externas tan favorables que le tocaron a la actual Presidencia de Vázquez. Además, y esto es algo medular, nunca en su vida hubo alguna acción o actitud suya que renegara de aquellos valores esenciales. Su entrega completa a la causa política, desde su juventud, está sólidamente cimentada en esos principios cívicos, tanto como en el amor profundo que tiene por su patria y su gente. Se equivoca y mucho, quien reduce la fuerza que mueve a Lacalle, sólo la ambición política, por más sano que esto sea.

En los momentos actuales, cuando en nuestro mismo continente se producen cada vez más desbordes autoritarios, envueltos en una engañosa legitimidad democrática, como los que lleva adelante Hugo Chávez, sería muy peligroso que José Mujica, quien se reconoce como gran amigo y simpatizante del mandamás venezolano, fuera el próximo Presidente. El mismo Chávez, que ha minado las instituciones de su nación; la libertad de prensa; la propiedad privada; la educación; lo distingue como "hermano".

No sólo preocupa el pasado antirrepublicano de Mujica, sino el pensamiento que aflora entrelíneas, dentro de su verborragia plena de palabrotas, intencionalmente simplota y contradictoria. Al igual que su "barra" tupamara, la que afirmó que siempre estaría encima y vigilante, para que el "Pepe" no se desvíe. Algo para nada difícil dado que su propia mujer es una de ellos y que condice por ejemplo, con su manera de actuar frente al plebiscito sobre la ley de Caducidad. Iniciativa sobre la que dijo no estar dispuesto a poner su firma, aunque luego cambió de postura. Lo hizo y la explicación dada habla por sí sola; ahora firmaba porque "lo tenían podrido".

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