M. Á. BASTENIER
Dos escuelas de pensamiento se enfrentan sobre cómo se gana o se pierde una guerra, iniciada por Bush sin plan de paz ni reconstrucción ninguno. La versión restrictiva la encabeza el vicepresidente Joe Biden que quiere un trueque de prioridades, para que lo que se denomina Af-Pak (Afganistán-Pakistán) pase a ser Pak-Af, congelando la contienda en el primer país, mientras se orienta el mayor esfuerzo militar hacia el vecino Pakistán. Según esta posición, en Afganistán la guerra se libra fundamentalmente contra insurgentes, los talibanes, con presencia del terrorismo de Al Qaeda, pero en Pakistán es donde están los santuarios del terrorismo internacional. Y la versión expansiva, que domina el general Stanley McChrystal, pide de 40.000 a 60.000 soldados más para pensar siquiera en ganar la guerra. Esa inyección de efectivos se asegura que dio resultado hace dos años en Irak, pero no puede ser la única receta. Extracto eL PAÍS DE MADRID