La alcoba propia en la tele ajena

MATÍAS CASTRO

Está de moda y no necesariamente entre gente de cabecita liviana. Llevar la alcoba propia a los escenarios, a las conferencias de prensa y, ni que decir, a los programas de televisión, es una conducta que se extiende entre artistas de cuya seriedad no habría que dudar. Este fin de semana, el cantante Julio Iglesias aclaró en Santa Cruz de la Sierra que él necesitaba tomar Viagra y después agregó que "antes era una obsesión hacer el amor antes de cantar, ahora si hago el amor ya no canto...".

Robbie Williams aseguró a una revista que se confesó por completo ante su nueva novia, respecto a prácticas sexuales y consumo de drogas que lo llevaron de mal en peor hasta no hace mucho tiempo. No era necesario ventilar un tema de dos.

A Benicio del Toro, que viene de interpretar al Che Guevara, se le dio por recordar la pérdida de su virginidad a los 13 años, cuando aún vivía en Puerto Rico. Eso sí, eligió para hacerlo a través de una entrevista con la revista Playboy.

La notable comediante Tina Fey no fue menos ambiciosa cuando la semana pasada se presentó a una entrevista con David Letterman en su Late show with..., donde reveló que era virgen cuando conoció a su actual marido y que su debut sexual se produjo a los 24 años.

No es una novedad que los vicios privados pueden transformarse en virtudes públicas (quizá sea esa la intención de Fey), pero no deja de ser una conversión de la intimidad en parte de un show mediático. ¿Hay necesidad de hacerlo? Aparentemente sí. No es suficiente el manejo de los elementos más genuinos a un artista (su obra, lo que hace) para llamar la atención. El valor de una película, de un disco o de una serial no tiene el potencial publicitario si no va acompañado por esos trazos de intimidad expuesta. El recurso propio de los faranduleros ahora es arma para todos.

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