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Es el primer registro de la vuelta de Los Olimareños
ALEXANDER LALUZ
Se ha dicho de todo. Que fue una jugada oportunista que sólo perseguía un fin económico. Que siguen peleados y el reencuentro es pura apariencia. Que ya no está la mística de aquel concierto de 1984 en el Centenario.
Sin embargo, Los Olimareños colmaron el estadio dos noches seguidas en el mes de mayo, y semanas después lo hicieron en el Luna Park de Buenos Aires. Y la disposición del público, hay que destacarlo, cargó de una energía inusual un espectáculo con muchos riesgos, de los que Braulio López y Pepe Guerra salieron airosos en hombros de la emoción.
Una primera selección de canciones de aquella reunión de Braulio López y Pepe Guerra llega ahora en el primero de dos volúmenes titulados Reencuentro. Se trata de un registro documental que si bien no sigue linealmente el programa de ambos conciertos, respeta la alternancia de climas y el concepto que ordenó el repaso del extenso repertorio del dúo.
Las voces y las guitarras no disimulan la tensión, el nervio, que inevitablemente provocan este tipo de reencuentros. Pasaron casi dos décadas desde la separación, y el otrora fluido ensamble ya no es el mismo. Ni qué decir de las huellas físicas que ha dejado el tiempo en la afinación y en la soltura de los fraseos y contrapuntos vocales. Como ellos mismos lo han reconocido: fue un empezar de nuevo, y el empaste ha ido creciendo a medida que avanzaban los ensayos y las nuevas actuaciones.
En ese sentido, el disco es un documento fiel de ese proceso. Y la tecnología digital que se usó en el procesamiento de las tomas en vivo no lo enmascara con la "corrección" que imponen los formatos actuales de producción. Mérito que se lleva, indudablemente, el trabajo realizado por Daniel Báez, uno de los técnicos más serios de nuestro país.
No obstante, las interpretaciones del dúo rescatan un swing de carácter áspero, carnal, tan característico de ciertas expresiones tradicionales, y especialmente aquellas de mayor impulso rítmico (como Del templao, El gran remate, Los orientales).
No hay Olimareños para rato, por más que vuelvan y vuelvan a tocar. Aún así, ellos siguen logrando movilizar un complejo de significados (musicales y extramusicales) que mantienen vigencia para una porción importante de público.
Y este Reencuentro, más allá de las especulaciones de tenor económico o político (y que tienen tanto eco en el anonimato de los foros internáuticos), rescata esa vitalidad musical, y la convierte en un documento sonoro de una reunión en la que se cruzaron múltiples coordenadas históricas y sensibles.
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