ALEXANDER LALUZ
"Esto es una cosa que se agradece, por supuesto, porque los guitarristas somos los eternos olvidados". Esto lo comentó el propio Mario Núñez a El País, a propósito del lanzamiento de esta edición antológica.
La guitarra de Mario Núñez: una antología (Ayuí, 2009) es un homenaje valioso, necesario o, si se quiere, urgente, pero que llega al igual que otros tantos homenajes, con el riesgo de la pérdida por la implacable erosión del tiempo.
Núñez, que está bordeando los 80 años, fue una figura capital en el desarrollo de una de las técnicas interpretativas más originales de la guitarra popular: el virtuoso toque con púa o plectro.
El dato, quizás resulte mínimo o demasiado técnico. Pero un rápido repaso de algunos nombres vinculados al tango y la canción de proyección folclórica lo ubicará en su real dimensión. Piense el lector en Alfredo Zitarrosa, primero. Luego retrotráigase en el tiempo hasta el apogeo del canto de Amalia de la Vega, al conjunto Las Cuerdas de Oro. Piense también en el sonido de don Edmundo Rivero, o incluso en el propio Aníbal Troilo.
En esos ejemplos, la guitarra o el conjunto de guitarras tocadas con esa técnica aparece como sello distintivo. Y en las historias de esos creadores, una de las figuras constantes ha sido don Mario Núñez. Un refinado y original intérprete, que, además, ha demostrado una creatividad singular en la concepción de los arreglos. Virtudes que siempre fueron codiciadas no sólo por creadores y cantantes del Río de la Plata, sino de todo el continente y también en España. La señora Chabuca Granda es un ejemplo. También Pedro Vargas, Arturo Gatica, Paloma San Basilio, el gordo Pichuco.
Pese a su valor, y a la propia condición evanescente de la música, esa huella está a merced de la memoria y el desgaste inevitable de los registros sonoros. Y salvo por algunos contados esfuerzos sistemáticos, esa técnica sólo se ha transmitido oralmente y son escasísimos los estudios musicológicos que se hayan desentrañado las variables artísticas, culturales y sociales que la configuran como práctica musical.
Por ello, esta edición antológica reviste un doble valor. Es un cuidadoso rescate de los registros fonográficos de esa extensa trayectoria, realizado con un acertado criterio de ordenamiento. Por otro, oficia como documento musical de una práctica musical que atravesó varios géneros, y se convirtió en una potente marca de identidad cultural.
Las dos primeras secciones del disco incluyen algunos registros de Núñez con su grupo Las Cuerdas de Oro y Latitud Sur, formado en España. En las canciones seleccionadas se aprecia la robustez sonora que logra un conjunto de guitarras, y a la vez la amplia y compleja gama de texturas que puede urdir al articular melodías octavadas, contrapuntos, pasajes escalísticos y rasgueos. Todo con un toque de elogiable precisión rítmico métrica.
El siguiente bloque son dos interpretaciones (Nunca tuvo novio y Trenzas) a dos guitarras con Julio Cobelli, que fueron registradas en primera toma. Luego llegan El choclo y Barreras de amor con Tango Sur Trío, donde la guitarra de Núñez se ensambla con alto virtuosismo al piano de Julio Frade y el bajo de Daniel Lagarde.
Finalmente, los últimos tres tramos de la antología repasan su faceta como acompañante de Amalia de la Vega, Alfredo Zitarrosa y Elsa Morán. Seis canciones históricas (El Paraná es una zamba, A Don José, Minas y abril, entre otras) en las que sus arreglos tejen líneas de guitarras que sostienen y refuerzan climas líricos, épicos y románticos en expresiones cercanas al tango, la milonga y la zamba.