Lo que se viene

Ojalá fuera cierto que este crecimiento de la economía en un 0.5 en el segundo trimestre respecto del primero, significa para el país haber zafado de la crisis internacional y entrar en un período de repechaje para felicidad de todos. No sabemos cuáles son las cifras reales porque un gobierno que controla todos los resortes del poder, publicita lo que le conviene y oculta lo que no. Pero aún bajo el supuesto que fuera así, que nadie crea que la realidad económica del país alienta entusiasmo. Esa realidad la cantan otros números, esos sí, indubitables en la medida que tienen que pasar por el Poder Legislativo y allí la oposición los ve y puede estudiarlos. Por eso nos parece importante sintetizar los rasgos más salientes de la exposición del Senador nacionalista Dr. Sergio Abreu, en su exposición del 15 de septiembre en la Cámara, al considerarse el Proyecto de Ley de Rendición de Cuentas y Balance de Ejecución Presupuestal correspondiente al ejercicio de 2008.

Es notoria la influencia de las variables externas que favorecieron directamente la economía nacional. Ello determinó un crecimiento acumulativo muy fuerte de la economía superando el 30% en el 2008. Aumentó la producción de bienes y la de servicios, la tasa de desempleo bajó, y la pobreza disminuyó. Dejemos de lado discusiones puntuales o comparaciones con otras administraciones. En los aspectos sociales, la repercusión de esa coyuntura fue favorable. Pero no se puede negar que instalada la crisis internacional, las consecuencias para el país fueron muy negativas. Pasamos de un crecimiento económico del orden del 5%, 6%, 7%, 8% o 9 % de años anteriores inmediatos, a otro nulo en este año, que andará entre el 0% y el 1%. Cayeron las exportaciones, y los precios internacionales en comparación con los años 2005 y 2006, y ello afectó la balanza comercial. Reiteramos, la crisis nos perjudicó y mucho.

Para tener en cuenta lo que deberá afrontar el nuevo gobierno, hay que considerar la magnitud del déficit fiscal que habrá de dejar este. Como dijo Felipe González, el déficit no es de izquierda ni de derecha, son números que cierran o no, y deudas que alguien tiene que pagar. Y este gobierno no aprovechó el ciclo expansivo de la economía para bajar la carga tributaria y hacer más competitivo al país. No se niega la atención a políticas sociales y a objetivos que todos compartimos, pero el déficit previsto para el año pasado se triplicó, y el gasto público aumentó a un 2.5 % del Producto Bruto, pese a que el gasto en pasividades bajó medio punto por la reforma de 1996. El déficit fiscal que queda en el país al terminar este gobierno, duplica al que tenía cuando lo recibió. Entonces se recurrió a la caja de las empresas públicas para promover el empleo y controlar la inflación, disminuyendo sensiblemente el superávit primario, lo que se financió con un aumento de la deuda.

La deuda neta de activos externos del sector público excluidos los pasivos contingentes está a marzo de este año en el 39% del Producto Bruto. Aumentó en 4 mil millones de dólares. Transformada en Unidades Indexadas, a precios constantes, la deuda pública neta se incrementó, en tanto se continuó con una política fiscal expansiva y monetaria contractiva que afectó el tipo de cambio y la competitividad, excepto con Brasil. La capacidad de endeudamiento del país es limitada y la cascada de vencimientos empieza en el 2011. Y falta saber las variables que habrá de operar la economía argentina y cómo va a repercutir aquí.

Es cierto que se contribuyó a sostener la demanda interna que se tomaron medidas puntuales para amortiguar la crisis, pero fueron puntuales y sin repercusión en aspectos globales de la economía. Ese déficit, del orden de los novecientos o mil millones de dólares y el estrecho margen de endeudamiento, no va a quedar mucho espacio para una política expansiva tendiente a mitigar impactos.

Se vienen tiempos mucho más difíciles de lo que el gobierno anuncia con una sonrisa hipócrita. La próxima administración no puede aumentar el gasto ni ahogar más a los contribuyentes. La gente pide transparencia, que se diga en qué se gasta.

Faltaron las políticas contracíclicas. No se guardó como lo hicieron Chile y Brasil, veinte mil millones de dólares el primero y diez veces más el segundo. Estamos en el tope del gasto primario y sin espaldas para manejarnos.

Esa es la realidad. Y todavía piden aplausos.

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