Los versos satánicos

Ahora venimos a enterarnos que la abundante y vocinglera bibliografía sobre José Mujica que ha aparecido en los últimos años, no describe al "Pepe tal cual es", sino al Pepe que quiere él. Que todo lo que se escribió y publicó sobre su vida y su "obra", pasó previamente por una etapa de corrección por parte del protagonista, para ajustar sus dichos y hechos a la imagen que él pretendía trasmitir; que hubo censura previa y, por tanto, adecuación de los textos a sus exigencias, lo que en definitiva los convierte en almibaradas, heroicas y distorsionadas autobiografías. Así lo confesó el propio interesado, devenido en candidato presidencial oficialista, en el programa "Hablemos" que conduce Jorge Traverso.

Que el único que no cumplió con este requisito fue el libro "Pepe Coloquios" del periodista Alfredo García, donde el autor invirtió, entre otras cosas, 28 horas en diálogos con Mujica -grabador presente-, pero no le envió el texto para su aprobación. Y vaya el lío que se armó. Apareció el "Pepe tal cual es" en todo (o casi todo) su esplendor. Alfredo García ha sido denostado y sentenciado por la dirigencia del MPP y del propio Mujica. Se repite así en escala uruguaya las vicisitudes del escritor Salman Rushdie y sus "Versos satánicos" (1988), acusado de una supuesta irreverencia al profeta (en este caso, Mahoma), considerado un blasfemo y condenado a muerte a través de un edicto religioso o fatwa por el fundamentalismo musulmán.

El MPP le quitó a García su condición de frenteamplista y Fernández Huidobro -el mismo de la conocida fábula política "El Presidente, el chancho rengo y el perro puto"- lo anatemizó de la manera más terrible que se conoce en el planeta: "Alfredo García siempre trabajó para Lacalle" (una especie de Satán que quiere derrotar al profeta). Siguiendo el hilo -si se puede- del pensamiento de Fernández Huidobro, antes fue la infiltración o espionaje que quiso perpetrarse en Antel a través del funcionario "trucho" y ahora es este periodista seudo frentista, que engaña a los servicios de inteligencia tupamara, llega hasta Mujica y le arranca confesiones mediante el despreciable y criminal método de poner un grabador encima de la mesa. ¡Qué diablillo este Lacalle! ¡Cómo engañó al pobre Pepe! ¡Veintiocho horas lo tuvo "cantando"!

Lo cierto es que Mujica habló de todos los temas como le gusta a él. Y en su verborragia dejó muy mal parada a la pregonada unidad del frenteamplismo. Denunció hechos de la interna que eran desconocidos y pintó a sus compañeros de ruta tal cual son o tal cual los ve. Un resultado lamentable en cualquiera de las dos opciones. Veamos unos ejemplos. El Partido Socialista, bastante maltrecho tras la gestión como canciller de Reinaldo Gargano que dejó más maltrecho al Uruguay, es acusado directamente de ser "una máquina de conseguir puestos". O sea, que practica sin pudor el clientelismo político.

Los integrantes de la guardia pretoriana que rodea al presidente Vázquez y que tanto trabajo le diera reunir a su hermano Jorge -el prosecretario de la Presidencia-, que les controlaba hasta el tipo sanguíneo, están buscando "acomodarse" y "perpetuarse" con el propósito de viajar y seguir cobrando viáticos, pese a que "son todos de izquierda, son todos de confianza". Aunque les encanta los billetes del imperialismo.

Portucel, la planta de celulosa portuguesa, la gran inversión que lograra el Presidente Vázquez (Botnia es muy anterior), y anunciara orgulloso como "la mayor inversión privada de la historia", para Mujica es "un cuento chino". O sea, que a Vázquez lo engañaron o falta a la verdad cuando dice lo que dice, según Mujica. Y siguiendo con Vázquez le recuerda que no se hizo nada por la reforma del Estado, pese a que dijo que "era la madre de todas las Reformas". ¿Fue también un cuento chino?

El rosario sigue, es interminable. Pero lo apuntado sirve para hacer algunas preguntas. Más allá de que el presidente Vázquez calificara sus dichos como "estupideces", ¿es verdad o mentira lo que afirma Mujica? Reconocemos que no tiene buenos antecedentes al respecto (sigue mintiendo sobre el origen de los tupamaros), pero aquí se trata de otra cosa. No se está refiriendo a su pasado, escrito bajo censura y corregido por él, sino hablando de sus compañeros de partido. Él, como no podía ser de otra manera, queda muy bien ("Agazzi y yo somos las únicas moscas blancas". Chau Bonomi, y Astori por supuesto, que cobraba sueldo de senador siendo ministro; son caterva como los demás). ¿Ese es el verdadero Pepe tal cual es? ¿Desmintió algo de lo que allí se dice? ¿Qué pecado cometió, entonces, Alfredo García?

Simplemente no le llevó el texto para que lo maquillara y lo arreglara a su antojo como ha hecho con los otros libros sobre su persona.

Y así cualquiera es Batman.

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