Sectores de la juventud uruguaya, están planteando, en los sitios donde deberían estudiar o donde deberían estarse rehabilitando por conductas irregulares previas, reiteradas situaciones de violencia que no son atendidas debidamente.
En Secundaria, hasta hay alumnos que concurren armados a los locales de enseñanza, sin que ello mueva a las autoridades a tomar medidas drásticas. Un dirigente del sindicato de profesores (Fenapes), dijo: "No estamos en conocimiento ni siquiera de la cuarta parte de los episodios de violencia en los liceos porque el Consejo de Educación Secundaria tiene agarrados del cuello a los directores para que no hagan olas con ese tema porque estamos en campaña electoral". Frente a esto, la directora de Secundaria, profesora Alex Mazzei fustigó al sindicato pero admitió la violencia.
En la órbita del Ministerio de Desarrollo Social, el panorama no es menos inquietante.
De esa secretaría de Estado, cuya titular tiene como antecedentes haber "colocado" al "amigovio" de su hija y la intención frustrada de mediar personalmente, junto con un legislador comunista en un conflicto de un hogar del INAU, emergen noticias que mueven al asombro. Por ejemplo, que tras unos ocho motines en hogares de ese instituto en lo que va del año, la ministra Arismendi se enredó en un entredicho con empleados del INAU que venían a plantearle sus inquietudes y les dijo que ellos organizan los motines de los menores infractores. La plática se tornó ríspida y los gremialistas le entregaron una carta cuestionando su actitud.
Estos son apenas algunos capítulos recientes en un asunto que se arrastra desde hace años, sin que el actual gobierno haya sabido encararlo con solvencia y decisión. Más bien es un tema en el que no acierta a tomar un rumbo coherente y firme.
Ya no nos referimos a los delincuentes jóvenes, que no fueron manejados debidamente mientras eran ministros del Interior el doctor José Díaz y la asombrosa Daisy Tourné. Nos referimos a chicos que tendrían que estar encaminados debidamente por las instituciones que los reciben y que, en lugar de ello, hacen befa de esas mismas instituciones.
Panorama lamentable.