LUCÍA BALDOMIR
Es el principal cliente de Uruguay y el mayor inversor de los últimos años. Sus turistas son de los que más gastan y los que dinamizan la actividad inmobiliaria en el Este. Brasil amplía su peso en la economía local y el gobierno empieza a inquietarse.
Ocho de las 20 mayores exportadoras del país están en manos brasileñas. Sus exportaciones representan el 15% de las ventas totales al exterior. El monopolio de la producción cervecera en Uruguay es de Ambev, una empresa brasileño-belga.
Asimismo, la petrolera estatal Petrobras cuenta con la segunda cadena de estaciones de servicio del país y parte de la distribución de gas por cañería.
La mayor arrocera, Saman, está en manos de Camil Alimentos, y son brasileños los frigoríficos que abarcan cerca del 34% de la faena local. De hecho, seis de las diez plantas que más faenan en Uruguay están en manos de brasileños a través de Marfrig, Bertin-Friboi y Pulsa. Pero los brasileños también tienen plantas de elaboración de gomas para la vestimenta de Mormay, dos grandes constructoras, Saceem y Método, y, ahora, la mayoría accionaria de la única curtiembre transnacional de origen uruguayo: Zenda.
La expansión de Marfrig al comprar el 51% de las acciones de Zenda por US$ 49,5 millones que se anunció el martes, es solo un escalón más en la expansión y la incidencia que está teniendo Brasil en las economía uruguaya, sin contar que este país es el principal socio comercial con US$ 529 millones en el primer semestre, el 19,5% de las exportaciones totales.
En conversaciones privadas, integrantes del gobierno admiten preocupación porque mayoritariamente los brasileños compran activos y no hacen inversión productiva y, en la medida que se considera que con la fusión de Friboi y Bertin se puede dar un segundo desembarco de empresas brasileñas, temen que la orientación de la industria cárnica local se defina en San Pablo. Tanto que en los hechos, ya se maneja cambiar los sistemas de producción tradicionales, dicen.
Según explicó Marfrig en el prospecto de las Obligaciones Negociables que emitirá el próximo martes, el ingreso a la plaza uruguaya les brinda a los frigoríficos brasileños "el acceso al mercado estadounidense y la posibilidad de producir carne de razas de mayor reconocimiento para los mercados de más alto valor". También les importa el avance de la trazabilidad, las marcas y las certificaciones que pueden lograrse desde Uruguay.
DEPENDENCIA. Tras un repaso de la participación brasileña en las empresas uruguayas, en el comercio, en los vaivenes financieros, en la evolución de los precios de los Bonos Globales y en los ingresos por el turismo, la dependencia de Brasil parece cada vez mayor.
Pero, para el Consejero Comercial de la embajada de Brasil en Uruguay, Almir Lima Nascimento, la coyuntura no permite ser "tan terminante". Aún así, reconoció a El País que "el hecho de que la economía de Brasil se porte bien ayuda" a que el incremento de su incidencia en lo local se concrete.
Lima Nascimento dijo que "el real fuerte hace que el comercio de frontera pueda beneficiarse pero en Uruguay hay ventajas tributarias, fiscales y de logística que atraen a los brasileños a desarrollar los negocios" en el país.
En las importaciones -fundamentalmente de plástico, perfiles de aluminio y medicamentos- que hace Brasil, en tanto, "incide el precio y la condición de venta ventajosa sobretodo para la región del sur de Brasil", agregó.
Lo cierto es que el peso de Brasil en la economía local es cada vez más fuerte.
Dentro de la Cámara de Comercio Uruguayo-Brasileña reivindican el desembarco de las empresas norteñas señalando que "vienen acompañadas de incorporación de tecnología y de mercados por lo que no se pueden desechar", dijo a El País su presidente Oscar Montaldo.
El economista Pablo Moya, de Oikos, señaló a El País que "en el último tiempo se generó una mayor aproximación" entre ambos países.
Dijo que más allá de ser el principal destino de las exportaciones en general, es en particular de las materias primas con muy baja industrialización como carne, arroz y cebada. "Ello determina que es muy difícil incorporar mayor valor agregado a estos bienes, lo que se presenta como una limitante a crecer en este sentido".
De todas formas, dijo que las inversiones directas son "estratégicamente muy importantes ya que aglutinan principalmente la base agropecuaria (los rubros referidos anteriormente más cuero) y recientemente se están expandiendo al sector energético, lo cual se presenta como el principal desafío en el corto plazo".
Resaltó que la dependencia se extiende al campo financiero en tanto la mejora en el precio los bonos brasileños empuja a los uruguayos en igual sentido.
En la misma línea, Florencia Carriquiry, de Deloitte, dijo que Brasil tiene una "gran importancia para la economía uruguaya". Indicó que la participación en las exportaciones viene en aumento aunque es inferior a la de los años 90, "cuando representaba más de 30% de las colocaciones externas y se hablaba de la Brasil dependencia".
Si a esto se le suma la inversión, las importaciones y el turismo (los brasileños gastaron US$ 56,1 millones en el primer trimestre), queda claro, según Carriquiry que "el ciclo económico uruguayo depende en cierta medida del brasileño".
"La experiencia de los últimos 30 años muestra que la paridad cambiaria bilateral con Brasil es muy importante para Uruguay. Cuando Uruguay enfrentó una desventaja significativa de competitividad con Brasil, la economía ingresó en fases profundamente recesivas, la última en 1999-2002. Hoy, la paridad con Brasil se encuentra en niveles por encima de la media histórica" lo que es favorable.
Lo positivo es que la coyuntura y las perspectivas optimistas para el futuro de la economía brasileña hacen que los analistas no vean riesgos para Uruguay por esa mayor dependencia.
El economista Marcelo Sibille, de KPMG, dijo que a nivel de la inversión no se presentan riesgos a menos que las casas matrices tuviesen problemas y cancelen sus operaciones en Uruguay, algo difícil que ocurra.
Asimismo, la dependencia comercial "dista de acercarse a la situación previa a la crisis de 2002", lo que tampoco representaría un riesgo, dijo Sibille. A esto se le suma que al Uruguay contar con un sistema de flotación del tipo de cambio "estamos mejor preparados para amortiguar shocks externos negativos si mañana se dispara el tipo de cambio de Brasil".
De dónde vienen las empresas
En los últimos años las compañías transnacionales han perdido participación dentro del grupo de las mayores empresas del país, según un estudio de la Facultad de Ciencias Sociales. Mientras en la década del 90 las transnacionales ganaron participación entre las mayores empresas, en los años posteriores a la crisis económica del 2002 el número de firmas transnacionales "disminuyó marcadamente, de un promedio de 114 empresas en los años 2001-2003 a un promedio de 92 en el cuatrienio 2004-2007". Según el estudio mencionado, las empresas transnacionales que se mantienen en el ranking de las mayores elevan sus exportaciones promedio a una tasa acumulativa anual del 21,8% entre 2001 y 2007, en tanto que las nacionales lo hacen solamente en un 12,8%.
Fenómeno relativamente nuevo
La participación de Brasil en la Inversión Extranjera Directa se ha ido incrementando en los últimos años, según un estudio titulado "Tendencias Recientes de la Inversión Extranjera Directa en Uruguay" de los analistas Gustavo Bittencourt, Gastón Carracelas, Andrea Doneschi y Nicolás Reig Lorenzi, del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales. Según estimaciones de los analistas, entre 2001 y 2003 Brasil invirtió US$ 11 millones. En tanto en el período entre 2004 y 2006 el flujo se multiplicó a US$ 99 millones según las estimaciones de los investigadores.
Entre las operaciones se encuentra la compra que hizo Ambev de la cervecería uruguaya Paysandú que producía las marcas Norteña y Prinz. En tanto, en 2006 Petrobrás compró la red de estaciones de Shell, completó la compra del 15% de las acciones de Gaseba a Acodike y adquirió Conecta.
Ese mismo año Itaú compró Bank Boston incluyendo OCA y un tercio de Unión Capital AFAP.
Además, ese año el grupo Bertin se quedó con el frigorífico Canelones y Marfrig compró el frigorífico Tacuarembó y la planta del Elbio Pérez. Un año más tarde Marfrig se quedó con los frigoríficos Colonia y La Caballada. Asimismo, Camil compró Saman e Itaú se quedó con los activos de banca privada de ABN Amro en Uruguay.
En 2008, el flujo se redujo pero entre las compras que hubo estuvo la de Saceem.