Enrique Beltrán
Como digo una cosa digo la otra" así auto definió el propio candidato presidencial José Mujica una de las características de sus intervenciones públicas, en reportajes, discursos, y a través de sus continuas apariciones en radio y televisión. Si uno tuviera la paciencia de indagar si ha sido fiel a esa suerte de lema, comprobaría que sus proclamadas contradicciones podrían llenar páginas de un robusto folleto. Quien es candidato presidencial de una fuerza política que tanto aspira a continuar en el gobierno que ha puesto a todo el Estado al servicio de ese propósito, debe saber que tantas contradicciones, a veces confundidas con el macaneo, conspirarían contra su logro. ¿Es que acaso no se da cuenta que ese lema desconcertante, se enfrenta a sí mismo y en definitiva envuelve el rumbo en una espesa niebla? ¿O será que no se le escapa nada de eso, porque tiene bien claro él y sectores importantes de su partido, para qué quieren el poder, pero si lo confiesan, temen no llegar a él? Así con un elaborado desconcierto, aparentando desmarcarse del verdadero objetivo para alcanzarlo, y con el peso del Estado en el equipo, creen posible lograr, lo que anunciando los reales propósitos, no alcanzarían jamás.
A veces, sin embargo, una suerte de traición del subconsciente, como un relámpago, ilumina la escena que se procura esconder. Pronto se apresuran las viejas sombras para caer sobre ella y hacer olvidar lo que se vio.
Claro que eran notorias sus simpatías con regímenes totalitarios, como es la Cuba de Fidel con más de medio siglo de tiranía, o con los que procuran serlo, como la Venezuela de Chávez. Notoria es también, su participación en la embestida para abatir las instituciones democráticas, mediante el saqueo y la violencia.
No obstante, su inserción en el funcionamiento de las instituciones democráticas, ocupar bancas legislativas por el voto popular, actuar como ministro en un gobierno que provino de las urnas, y pretender ser electo por la decisión de ellas, ha hecho creer que aprecia los valores del régimen y que los respetaría si es que se lo elegía para la más alta magistratura. Pero he aquí que esa verborragia con la que tanto se dispersa, se contradice, y se oculta, le jugó una mala pasada cuando lo que tenía escondido, saltó de pronto a la luz, entre una granizada de palabrotas.
Eso es lo que ocurrió en el reportaje que le hiciera "La Nación". Asomó entonces, en algunos momentos, el otro Mujica el que no gusta mostrarse y el que de pronto allí aparece tanto en su exaltación de la violencia, como en sus ultrajes a la justicia. Con toda razón el Dr. Jorge Larrañaga se hace una pregunta que la ciudadanía entera debe hacérsela: "¿Uruguay puede elegir un presidente que no cree en la democracia, que justifica la violencia y que la justicia tiene hedor de venganza?" Este episodio es uno más, quizás de los más reveladores, de todo un proceso de menoscabo de los valores democráticos del país, en que el oficialismo jugó un papel protagónico como lo he señalado con cargosa reiteración. Casi desde sus inicios fue un objetivo del gobierno, el evidente propósito de arremeter contra los partidos tradicionales, mediante el olvido del pasado y aún su desprecio, ya que poco, su partido figuraba en él. Que no perdurase la memoria por más que fuera entonces que se forjó con heroísmo, sacrificio y talento, tanto la nación como sus instituciones democráticas y el valor de las libertades acorde con la dignidad del ser humano. Por el contrario, cuando algunas de las fuerzas del oficialismo asomaron en el pasado, fueron bien trágicos los recuerdos que dejaron en su empeño por arrasar con aquellas conquistas. Empiezo a creer que tales olvidos son deliberados para que no se estimaran demasiado aquellos logros. La marcha posterior del gobierno no siguió otro camino que el desprecio por las minorías, y la lenta creación de un engranaje que les asegure la permanencia del cargo con burla de todas aquellas conquistas.
Después de escrito este Recodo, saltó el nuevo zafarrancho que armó Mujica con sus declaraciones en el libro "Pepe Coloquios". Es un anticipo de lo que al país le esperaría con su gobierno.