"Es una cuestión de fe", dice Lucía Queirolo al contar sus experiencias religiosas en el cerro del barrio Tres Cerritos, en la ciudad de Salta. Miles de peregrinos se reúnen todos los sábados atraídos por la presencia de María Livia Galliano, una ama de casa, madre de tres hijos que dice haber recibido apariciones de la Virgen María a partir de 1990. En el cerro, no se compra ni se vende nada, sólo se participa de una ceremonia en la que María Livia es una persona más. Los creyentes dicen que la Virgen reza junto a ellos el rosario, y que su imagen ha llegado a ser fotografiada por un peregrino. Aseguran que Jesús también está presente y que se comunica a través de un abrazo.
Lucía Queirolo, Magdalena Gallinal y Ana Inés Hareau transmiten con enorme entusiasmo sus peregrinaciones a Salta, esa ciudad del norte argentino, poblada de cerros y exuberante naturaleza. En uno de esos cerros, María Livia Galliano de Obeid, una ama de casa, casada y madre de tres hijos, dice que recibe apariciones de la Virgen María. El fenómeno lleva a miles de personas a peregrinar hasta la cima del cerro, y participar de un encuentro que los conmueve enormemente.
Lucía, Magdalena y Ana Inés vivieron con gran intensidad los encuentros con María Livia en el cerro salteño y decidieron dedicar varias horas de su propia vida para difundir su experiencia. Una oficina, folletería y un serio trabajo de difusión, ocupan las horas de estas chicas desde que fueron por primera vez a Salta. Desde hace algún tiempo organizan viajes hacia la Argentina con el propósito de facilitar la llegada de uruguayos a ese lugar, que hace estremecer de emoción a tantos miles de visitantes.
"Yo fui a Salta por primera vez junto a mis hermanas en el año 2005. Nos habían invitado a viajar dos años antes, pero finalmente se dio la ocasión de acompañar a una señora que tenía a su hijita enferma. A mí me conmovió enormemente todo lo que vi. Cuando uno experimenta algo tan lindo, lo primero que quiere es compartirlo y volcarlo a los demás. Existen tantas personas necesitadas de amor y de esperanza, y este lugar da tanta paz... Es increíble, porque el viajero sube hasta la cima del cerro, sin notar a los demás. Pero cuando llega al sitio señalado, cae en la cuenta que hay miles y miles de personas en el mismo lugar. Es tan grande la actitud de recogimiento y oración, que nadie pronuncia una palabra. Es impresionante la energía que transmite toda esa gente en el cerro", afirma Lucía.
María Livia asegura que recibe apariciones de la Virgen, desde principios de 1990. La imagen se le presenta como la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús. Hasta 1995, continuó hablando con ella todos los días intensamente con la intención de instruirla y prepararla para que se cumplan los designios que Dios tiene para ella y le confía varios secretos.
En marzo de 2000, la Virgen le pidió a María Livia que le edifique un santuario elevado para que se cumpla lo que ella le reveló. En una visión, le muestra el cerro en donde desea que sea construido el santuario.
A partir de allí empiezan las peregrinaciones al cerro los días sábado, que al día de hoy alcanzan a miles y miles de personas.
Al mediodía, frente al santuario, se reza el rosario, en presencia de María Liviana Galliano. Quienes hasta allí han llegado, afirman que durante el rezo, la Virgen desciende en cuerpo y alma al cerro, para rezar junto a los peregrinos.
"Por supuesto que es una cuestión de fe", dice Lucía. "Cada peregrino hace su experiencia, y muchos de los que van no son católicos ni religiosos, pero participan de esa fuerza, de esa energía que tiene lugar en el cerro".
Terminado el rezo empieza la oración de intercesión. Los peregrinos son ubicados en fila y María Livia pone su mano en el hombro de cada uno. En ese momento, la Virgen se arrodilla junto al peregrino y le pide a Jesús que descienda a abrazarlo. Ese es el momento más importante del encuentro, y muchos peregrinos dicen que sienten el abrazo de Jesús. Lucía explica que lo que se recibe en el cerro es el abrazo de Jesús en el corazón. "Es la primera vez en la historia de las apariciones en que se produce una aparición simultánea de Jesús y María, y hay un contacto del peregrino con la aparición. Siempre es una vidente que transmite su experiencia. Aquí es el propio peregrino el que vive la aparición. El peregrino baja del cerro siendo una persona muy distinta a la que era antes de subir".