Todo en duda

El Ministro del Interior relevó de sus cargos a los Jefes de Policía de Montevideo y de Canelones. Pavada lo del ojo.

En el caso de Montevideo, hizo efectiva la responsabilidad política del jerarca por enviar un instructivo a sus subordinados para que rapiñas claras, arrebatos y hurtos de celulares, fueran contabilizados como hurtos simples, bajando así, maliciosamente, el porcentaje de rapiñas cometidas, y crear la impresión de mejoras en la atención de la seguridad pública.

La mentira tiene patas cortas. Es la consecuencia de instrucciones de una ex Ministra exótica y un Presidente complaciente con ella hasta lo exasperante.

Por ello, el Presidente del BID, cuando felicitó a Vázquez por su gestión, se refirió sólo al obsequio que el país recibió de la coyuntura de comercio internacional más favorable de su historia. Seguramente no sabía en manos de quiénes depositó su confianza para salvaguardar la seguridad de la gente, problema que el Frente Amplio en su programa se compromete a tratar en el futuro, aunque desde hace cuatro años largos, tiene el gobierno.

No le hace bien al gobierno manipular a su antojo estadísticas y cifras oficiales, porque la gente puede dudar sobre si este criterio se extiende a otras áreas. Y así podrían surgir dudas sobre la versión del Ministerio de Economía en lo que hace relación al crecimiento económico que se habría registrado en el segundo trimestre en un 0,5 y que la inflación estimada no superará el 5%, porcentaje inferior al previsto para el año.

Es una pena que pueda dudarse de lo que si fuera cierto, sería una excelente noticia para el país. Afortunadamente, en este caso, la respuesta está en la realidad que se vive. Y quienes tienen que darla, son los consumidores de alimentos, ropa, luz, teléfono. Son los habitantes del país quienes tienen que decir si creen que la inflación es mínima o si advierten en sus bolsillos que sus ingresos como trabajadores o sus pasividades, no han sido rebanados impíamente por el impuesto al trabajo de la reforma tributaria. Si ha aumentado su poder de compra, y si viven mejor ahora que antes. La sensación térmica del bolsillo no se equivoca.

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