Cabo Polonio

Una nutrida delegación oficial integrada por 100 personas, 5 ministros, artistas y malabaristas, se trasladó la semana pasada al Cabo Polonio para anunciar el ingreso de esa zona de Rocha al Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Ahora bien, qué significa en los hechos este paso, y hasta dónde refleja la importancia que la clase política uruguaya da al tema ambiental, son dos preguntas que surgen inevitablemente tras contemplar el evento noticioso que se generó en torno al asunto.

El llamado sistema de áreas protegidas, del cual el Cabo Polonio es la nueva estrella, es una iniciativa interesante, pero que en los hechos tiene poca significación. Se trata más que nada de una declaración de intenciones, a la que debe seguir la creación de una comisión asesora que con el tiempo generará un Plan de Manejo, el cual definirá las cosas que se podrán y las que no se podrán hacer en esa nueva zona protegida.

Todo muy lento y complicado, especialmente en un área donde chocan intereses tan distintos como en el Polonio. Basta ver lo que sucede a pocos quilómetros de allí en Valizas, donde una decisión tan sencilla como iluminar algunas calles del pueblo, lleva meses empantanada en un conflicto bizarro entre la intendencia, los pescadores locales, y pobladores de temporada. Al ver tanta burocracia en torno a un tema que requiere medidas ejecutivas y bastante urgentes, es difícil creer que la creación de una "comisión" vaya a ser la solución al asunto.

Es que en el fondo hay que concordar que el tema ambiental no ha sido un eje central de este gobierno. Salvo pormenores del agotador conflicto de Botnia, fueron pocas las referencias "verdes" que han surgido de la primera administración frenteamplista, tal vez demasiado ocupada en rediseñar a la sociedad uruguaya como para detenerse mucho en esos detalles.

Hay varios ejemplos que muestran esa escasa preocupación oficial por el ambiente, más allá de la anticlimática llegada del batallón de ministros en un ruidoso helicóptero militar al idílico panorama natural del Polonio. Por ejemplo lo sucedido con el tema del puente sobre la laguna Garzón, paralizado por décadas en medio de un debate político, económico y ambiental. Bastó con que un magnate argentino que adquirió tierras del otro lado de la laguna ofreciera pagar la obra, para que toda la discusión técnica quedara de lado. Y conste que no se quiere decir aquí que esa obra no deba hacerse. Pero la sensación que quedó del hecho (aplaudido por los dos intendentes progresistas involucrados) es que el dinero pesó más que la estrategia de desarrollo o la inquietud ecológica.

La pregunta es si existe un verdadero plan económico y ambiental detrás de todo este proceso. Si un gobierno que contó con mayorías legislativas no pudo impulsar un sistema más ejecutivo, que permita realmente proteger las zonas ecológicamente más frágiles del país, a la vez que impulsar un proceso de desarrollo sustentable de las mismas. Ejemplos para imitar en la materia abundan en el mundo.

Costa Rica, por citar uno, tiene más de la cuarta parte de su territorio bajo alguna forma de protección ambiental. Y esto, lejos de convertirlas en "cajitas de cristal" a decir de la ministra Simon, aporta fuertes sumas por concepto de turismo a aquel país. Se calcula que un 60% de los extranjeros que llegan a Costa Rica visita al menos una de esas zonas protegidas, y las actividades económicas relacionadas con ellas contribuyeron con US$ 814 millones a la economía local en el 2002. Lo mismo que genera al Uruguay nada menos que el movimiento portuario. Pero para eso se necesita organización. El país centroamericano cuenta con un plan estratégico de turismo y ecología a 10 años que prevé generar 50 mil nuevos empleos directos, 250 mil nuevos empleos indirectos, y alcanzar la meta récord de 2.3 millones de turistas al año 2012.

Claro que para que esto sea posible es necesario tener un objetivo claro, que permita planificar en función del mismo. Algo que no parece que se vaya a dar creando comisiones por doquier, y utilizando un tema tan trascendente como simple escenario politiquero a un mes de las elecciones.

Hay que ser justos. El tema de una verdadera ley de parques nacionales ha estado pendiente en el parlamento desde mucho antes de que llegara el Frente Amplio al poder. Lo triste es que parece que una decisión a fondo con el tema, va a seguir pendiente una vez que éste se vaya del mismo.

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