La mayoría regimentada del oficialismo en el Parlamento aprobará hoy el traslado de los restos de Artigas del mausoleo en la Plaza Independencia donde descansan, a un museo que Tabaré Vázquez piensa inaugurar en la vieja Casa de Gobierno.
Vázquez no ha demostrado mucho apego por los símbolos y las efemérides patrias a lo largo de su mandato. El tradicional Escudo Nacional fue sustituido en la nomenclatura oficialista por un medio sol (que tal vez represente a medio país). Y antes el Frente Amplio había dejado en la papelera el escudo que identificaba a la ciudad de Montevideo.
Pero sigamos con Vázquez: el actual presidente se transformó en un cruzado contra las fechas históricas nacionales, y buscó restarles importancia. Su idea fue dejar una sola, la del nacimiento del Prócer (19 de junio) y al diablo con las demás. Esa fecha además serviría para marcar el propósito de los uruguayos de NUNCA MÁS hermanos contra hermanos. La lástima es que desde su mismo partido, le bombearon el proyecto y tras una celebración a la que acudieron casi exclusivamente ciudadanos blancos y colorados, archivó su iniciativa.
Con estos antecedentes, nadie se explica a ciencia cierta por qué, al final de su mandato, se le ha ocurrido la idea de trasladar los restos de José Artigas y si su verdadero propósito no es simplemente agregar un nuevo acto a su campaña electoral por el Frente Amplio.
No es serio toquetear los restos del Prócer sin una explicación válida. Y hasta ahora no se ha escuchado ninguna.
La misma validez de la decisión de Vázquez la tendrá el próximo gobierno para aprobar una ley que ordene devolver los restos a su mausoleo, que lucirán ahora las frases que aprobó el Parlamento tras un informe de una comisión interpartidaria. Es decir, en la que estuvieron contestes la totalidad de los partidos políticos y no una mayoría sectorial.
Que los restos queden donde están y no que paseen de un lado a otro según el gobierno de turno. Es una afrenta. Y si algo tenemos claro es que un capricho personal de un presidente no puede tener más valor que el sentir de la mayoría de los ciudadanos. Mucho menos utilizar la figura de Artigas para actos proselitistas.