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JORGE ABBONDANZA
Se acuerdan de Roberto Saviano? Es el joven periodista italiano que hace tres años escribió Gomorra, libro testimonial sobre la mafia napolitana donde dijo demasiadas verdades acerca de esa organización criminal, por lo cual lo amenazaron de muerte y ha debido vivir desde entonces oculto, custodiado por la policía y cambiando a menudo de domicilio. Le ocurrió algo similar al caso de su colega Salman Rushdie, condenado a muerte por las autoridades eclesiásticas del Islam a causa de la publicación de los Versos satánicos, luego de lo cual tuvo que refugiarse en la clandestinidad durante décadas. El fundamentalismo es un delirio fatídico, ya sea el de los asesinos del sur de Italia como el de los clérigos de Medio Oriente.
En su momento, Gomorra se convirtió en una película que recogía algunos de los relatos de Saviano sobre el submundo napolitano. Esa película, estrenada hace unos meses en Montevideo, redobló no sólo el alcance de la denuncia que formulaba el libro, sino también la fama personal del escritor, que a esta altura sigue siendo un hombre perseguido pero asimismo es un hombre más rico. Lo importante sin embargo es preguntarse de qué le sirven esos ingresos a un individuo que no puede permitirse el lujo de salir de su casa y caminar hasta la esquina. Así opera la Camorra, esa organización a la que Saviano desafió alejándose del folclore y acercándose a la verdad.
Su peripecia cobra nueva actualidad porque acaba de publicarse en español otro libro con su firma, Lo contrario de la muerte, conocido en Italia el año pasado, que coincide con el apogeo de la notoriedad internacional del autor. Se trata de un libro corto, cuyo contenido no alcanza a las cien páginas, donde Saviano propone dos cuentos. El primero, Regreso de Kabul, es el caso de la italiana de 17 años cuyo novio de 21 muere en Afganistán como parte del destacamento italiano que integra allí las fuerzas de paz. El relato proviene de una historia real y demuestra que no hace falta morir a los 21 años acribillado en cualquier calle napolitana por la mafia, porque de eso pueden ocuparse los países poderosos que organizan guerras inútiles y perdidas de antemano. Este mes se cumplen ocho años de la invasión de Afganistán, impulsada por el militarismo norteamericano pero acompañada por dóciles aliados.
El otro cuento del libro de Saviano es El anillo, donde dos jovencitos resultan asesinados por error en medio de la vorágine de una venganza de la Camorra que se equivoca de objetivos. Esos muchachos que mueren acribillados a los 20 años, son similares a los que figuraban en uno de los episodios de Gomorra, y permiten reflexionar sobre esos sitios del planeta donde la juventud marginal parece destinada malditamente a sucumbir antes de cumplir la mayoría de edad. Sobre esa violencia sigue escribiendo Saviano desde su encierro, y esa obstinación demuestra que ni siquiera las amenazas de muerte de la canalla camorrista pueden sujetar la lengua -o la mano- de quien está dispuesto a denunciar uno de los peores trasfondos de la sociedad italiana. Nacido en 1979, Saviano es un combatiente capaz de señalar con el dedo a todos los cómplices de la corrupción criminal que asedia al sur de Italia, ya sean civiles, militares, religiosos, jóvenes o viejos. En esa horrible fauna no se salva nadie.
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