El Ministerio de Salud pone énfasis en que se preocupa por los casos de cáncer del Uruguay. Entre otras cosas, hace pocos días pintó 120 siluetas sobre la Avenida 18 de Julio, con el fin de concientizar sobre los riesgos del tabaquismo. Se trató de lo que denominó "escena de los crímenes" del tabaco, en referencia a sus peligros y en especial al cáncer que puede provocar su consumo.
Casi al mismo tiempo, fueron inauguradas las obras de ampliación del Instituto Nacional del Cáncer. Se destacó que hay ahora unas 90 camas más, dos salas de cirugía y una de recuperación post-anestésica, un anfiteatro, farmacia y cocina. En la inauguración, entre otros habló el presidente Vázquez y, aunque el presidente venezolano Hugo Chávez esquivó su esperada presencia en la ceremonia, se enfatizó que su gobierno había aportado 3 millones de dólares para que se concretaran estas obras. Curiosamente, los 3 millones de Chávez lucen más destacados que los 7 millones aportados por la Coalición Nacional del Cáncer de Estados Unidos.
Pero lo que más llama la atención, es que a pesar de los aparentes desvelos del MSP en la órbita de la oncología, este ministerio tiene que ser obligado por la Justicia a suministrar fármacos que según especialistas, necesitan algunos pacientes afectados. Engorroso pero necesario trámite, ante la insensibilidad de las autoridades ministeriales.
Cuestión que lleva a evocar otras circunstancias preocupantes en torno al cáncer y la forma como actúa la administración "progresista". Para muestra, está el sistema de diagnóstico PET.
Hubo un intento privado de instalar en el país un equipo PET. Esto no fue autorizado por el MSP porque la política oficial consiste en no permitir adelantos médicos, si no los tiene antes Salud Pública. Pero como el PET todavía no funciona en Uruguay privada u oficialmente, lo que se ha logrado es que sólo accedan a este procedimiento quienes pueden pagarse el viaje y la atención médica en Argentina o Brasil.
El 1º de marzo de 2005 asumió como presidente de la República un reputado oncólogo. Considerando esa circunstancia, ¿no cabría esperar otras actitudes?