Un salto hacia lo creativo

| Drama. En "Rabbit hole" vuelve a jugarse por un cine "chico" e intenso

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GUILLERMO ZAPIOLA

Se trata de un rasgo reiterado a lo largo de su carrera: Nicole Kidman ha alternado muy conscientemente los proyectos más comerciales con empeños independientes y de mayor vuelo creativo. Su último trabajo, "Rabbit hole", integra el segundo grupo.

Kidman y el ascendente Aaron Eckhart protagonizan este drama acerca de un matrimonio cuya tranquila existencia se ve bruscamente truncada por una inesperada tragedia: la muerte de su único hijo. Lo que alguien ha llamado la "conducta visceral" del padre choca con la frialdad aparente de la madre, y ese contraste de reacciones acrecienta el drama, que Kidman no sólo protagoniza sino en el que también se desempeña como productora. Se trata de una adaptación de una obra teatral, premio Pulitzer, que en el escenario fue interpretada por Cynthia Nixon (de Sex and the city) y que ha sido adaptada para la pantalla por su propio autor David Lindsay-Abaire. El director es el independiente John Cameron Mitchell, quien rodó el film en cuatro semanas, mayoritariamente en el barrio de clase media baja neoyorkina de Queens, con un presupuesto de menos de diez millones de dólares.

Teniendo en cuenta la cantidad de ceros que suelen lucir los cheques que se pagan por las superproducciones, se trata, realmente, de un film de bajo costo, lo que de hecho establece un contraste con el próximo proyecto de Kidman: uno de los papeles centrales de Nine, el musical inspirado en Ocho y medio de Fellini que va a ser dirigido por Rob Marshall (el de Chicago), y donde también actúan Daniel Day-Lewis y Penélope Cruz.

Rabbit Hole parece uno de esos vaivenes característicos de Kidman. La actriz señala que no se trata de un comportamiento inusual en ella: "Al fin y al cabo, después de ganar un Oscar por Las horas pasé directamente a hacer Reencarnación", recuerda.

Reconoce que no le fue tan bien como se esperaba a su anterior Australia, y ahora prueba en una cuerda totalmente diferente. De hecho, Kidman quedó a fines del año pasado como la celebridad con el salario más excesivo de Hollywood en la segunda lista anual de estrellas menos rentables elaborada por la revista estadounidense Forbes. La revista calculó que las películas de Kidman sólo ganan un dólar por cada dólar que recibe la actriz, frente a los 8 dólares de apenas un año antes.

Incluso su film previo, Invasores, la enésima versión del clásico de 1956 Muertos vivientes, llegó a perder 2,68 dólares por cada dólar que ganó Kidman, que supuestamente cobró 17 millones de dólares por su participación en ella. Según la revista, Kidman se ha convertido en la famosa a la que más le pagan en relación con lo que gana, y Australia, una superproducción que estaba mejor hecha de lo que muchos dijeron, no llegó a revertir la situación.

No quedó muy claro si Kidman rechazó o fue dejada de lado (la reemplazó Judy Punch) en el proyecto que Woody Allen acaba de terminar el Londres. Sin embargo, al mismo tiempo se incorpora al equipo de Nine, y en el medio va a hacer alguna cosa inesperada en televisión: una participación especial en el "reality show" de modas Proyecto Runway, por ejemplo.

Desde su divorcio de Tom Cruise, su negativa a incorporarse a la dudosa Iglesia de la Cienciología a la que es adepto su "ex", su matrimonio con el cantante country Keith Urban y el nacimiento de Sunday Rose, su primera hija biológica, Kidman ha intentado manejar del modo más civilizado posible su vida familiar. Para el rodaje de Rabbit Hole se trasladó con toda su familia a Nueva York. Allí festejaron su tercer aniversario de bodas (25 de junio), los 42 años de Nicole (20 de junio) y el primer año de la hija (7 de julio), con quien Nicole asistió todos los días al rodaje. También aprovecharon para desmentir el rumor de un segundo embarazo de Nicole: al parecer, una fotografía que circuló por algunos medios y en las que aparecía con una barriga algo prominente estaba trucada.

Kidman no había visto la versión teatral de Rabbit Hole, pero en 2006, tras leer algunas críticas elogiosas, telefoneó al productor Peer Saari y le pidió que fuera a verla y le diera su opinión. Poco después, Cyn-thia Nixon ganaba un Tony por su labor en la obra, Kidman la leyó y se decidió.

La atrajo que fuera una pieza "sobre la rabia, el amor y la pérdida", temas que, afirma, la han seguido a lo largo de su carrera. También llama la atención sobre la relación con su compañero de elenco Eckhart: ambos estuvieron tan compenetrados con sus papeles que seguían hablando entre ellos como si fueran marido y mujer en los intervalos del rodaje.

Director con un perfil de transgresor

Algunos medios han mos-trado cierta sorpresa por el hecho de que la empresa productora de Nicole Kidman haya elegido al director John Cameron Mitchell para ponerlo al frente del proyecto de Rabbit hole.

Nacido en El Paso, Texas, el 21 de abril de 1963, actor en cine y televisión desde los años ochenta, hermano del también actor Colin Mitchell, John Cameron saltó a la notoriedad en 2001 cuando escribió, dirigió y protagonizó el musical con elementos cómicos y dramáticos Hedwig and the angry inch, donde encarnó a un transexual. El film recibió numerosos premios internacionales, especialmente en festivales especializados de cine de gays y lesbianas.

Su siguiente film como productor, director y libretista fue Shortbus (2006), una historia que involucraba a un matrimonio de terapeutas sexuales, sus pacientes gays y otra gente, en una complicada madeja de relaciones que incluía un elemento de voyeurismo. El film recibió diversos galardones en Atenas, Gijón, y Zurich, y obtuvo igualmente un Independent Spirit Award.

En el medio, Mitchell fue también, junto a su colega Gus Van Sant, uno de los productores ejecutivos del muy personal documental autobiográfico Tarnation (2003) de Jonathan Caouette, otro de los íconos del cine gay.

El punto de vista del realizador acerca del tema resulta bastante explícito, por lo menos tanto como algunas de las imágenes que, según se afirma, ha mostrado en algunas de sus películas previas. "Conozco pocas películas en las que el sexo parezca realmente respetado por los cineastas. Casi siempre se lo muestra de manera negativa, porque la gente le tiene miedo", afirma.

También sostiene: "Hay una gran reticencia en este país a reconocer que el sexo forma parte de la experiencia humana. Sin embargo, la verdadera perversión, para mí, es eliminarlo u ocultarlo".

También ha dicho que prefiere no usar estrellas en su cine, pero cambió de opinión.

Tres variantes de la estrella

Las horas

2002

La leyenda sostiene que las hermosas deben afearse para ganar un Oscar. Lo hizo (y le dio resultado) Charlize Theron en "Monster", y también Nicole Kidman en este drama en el que una prótesis y efectos digitales la convirtieron en la famosa escritora Virginia Woolf, que no era exactamente una belleza.

Dogville

2003

A veces acierta y a veces no, pero no cabe dudas de que Nicole se arriesga. Lo hizo con un film casi experimental y muy independiente como éste del danés Lars von Trier, rodado en un único escenario y volcado a transmitir en clave una visión muy pesimista de la sociedad norteamericana en particular y el mundo en general.

Australia

2008

A veces, lo que debiera ser más comercial no lo es. Esta película de Baz Luhrman fue la más ambiciosa que se haya rodado nunca en Australia, y es además un buen melodrama romántico y de acción. La respuesta de la taquilla y de la crítica fueron, empero, respetables, pero no particularmente entusiastas.

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