El caso de Alejandra Sánchez (32) fue el primero ocurrido en Argentina de embarazo triple de gemelas, en que dos de ellas eran siamesas que padecían anencefalia, una enfermedad incompatible con la vida que ponía en riesgo a la beba sana. Cuando la madre cursaba el 24 mes de embarazo, el médico Adolfo Etchegaray determinó que sólo una de las bebas podría sobrevivir, e ideó un plan para cuidar su salud con controles semanales y detectar cuando el riesgo de parto se hacía demasiado alto. Según el médico, "había que elegir un momento en que los beneficios fueran mayores que los riesgos". De este modo se logró que naciera Luisana, y aunque la felicidad de Alejandra no fue completa, quiere y siente una gran ternura por su bebé.
LA NACION
Como todas las madres, Alejandra mira con arrobamiento a la pequeña Luisana, que acaba de nacer en el Hospital Universitario Austral, con 1770 gramos. Como todas, aunque su caso fue el primero ocurrido en Argentina de embarazo triple de gemelas en que dos de ellas eran siamesas inviables y ponían en riesgo a la gemela sana.
A diferencia de lo ocurrido en otros 15 casos como éste registrados en el mundo, el equipo médico que la atendió se planteó el desafío de no agredir a las siamesas mientras cuidaba la salud de la tercera beba hasta un momento de la gestación, en que el riesgo de un parto precoz fuera menor. Y lo logró.
"En las primeras ecografías ya vimos que una de las bebas venía con anencefalia, cuenta Alejandra Sánchez, la joven de 33 años que protagonizó esta historia inusual. En ese momento, creíamos que eran dos. Pero a las 20 semanas, resultó que eran siamesas. Al principio, fue bastante difícil, porque yo venía de cinco embarazos totalmente diferentes, todos naturales", destacó.
Con su marido, Hugo Chuquel, empleado de una empresa del parque industrial de Pilar, tienen otros cinco hijos: Jessica, de 17; Gabriel, de 16; Melanie, de 14; Hernán, de 13, y Dylan, el benjamín, de 11 años. Viven en Capilla del Señor, localidad bonaerense a pocos kilómetros de Pilar. Su obstetra, Marcelo González Bernal, fue quien la derivó al Hospital Universitario Austral (HUA) para que pudiera recibir atención con la tecnología adecuada.
Allí la recibió el doctor Adolfo Etchegaray cuando cursaba la 24ª semana de embarazo. "La revisión morfológica detallada de los bebes reveló que la siamesa tenía una patología incompatible con la vida, porque padecía anencefalia (carecía de cerebro y estaba unida a su siamesa por la cabeza y el tronco), cuenta. La otra beba era aparentemente normal".
UNA DE LAS TRES. El diagnóstico determinó que sólo una de las tres podría sobrevivir. A los 37 años, Etchegaray está acostumbrado a recibir embarazadas en problemas. Acaba de regresar del King´s College Hospital, de Londres, donde se especializó con Kypros Nicolaides, creador de la medicina fetal.
El problema era que los bebés con anencefalia no tragan líquido amniótico, porque para eso es imprescindible que esté formado el cerebro. "Para que el líquido amniótico se mantenga en un volumen constante, el bebe deglute y orina dentro de la panza de la mamá. Si hay una obstrucción en el esófago o en el intestino, comienza a acumularse, con el riesgo que esto implica para el curso normal del embarazo", explica.
Según el especialista, lo difícil era explicarle a la mamá que las otras bebas, las siamesas, estaban poniendo casi en una situación de inviabilidad a la sana, ya que el líquido iba a empezar a acumularse en el saco de las siamesas y esto aumentaría la presión en el útero. Como el útero interpreta en qué semana del embarazo está a partir de la presión que ejerce el líquido amniótico, esto podría provocar un parto prematuro en la semana 24 o 26, y, aunque algunos bebés pueden sobrevivir, lo hacen con una alta tasa de secuelas.
LA ESTRATEGIA. El plan de los médicos fue controlar el embarazo semanalmente, para detectar en qué momento el riesgo de parto se hacía demasiado alto, ya que el tratamiento disponible para evitarlo -el amniodrenaje, la extracción de líquido amniótico- tiene un riesgo bajo, pero que no es cero. "Había que elegir un momento en que los beneficios fueran mayores que los riesgos -dice Etchegaray-, de modo que íbamos midiendo la longitud del cuello del útero, que es un muy buen predictor de la posibilidad de parto en los días posteriores. Normalmente, las mujeres que muestran un cuello acortado antes de tiempo pueden tener un parto adelantado a las 33 semanas o antes".
En el caso de Alejandra, el parto prematuro, el primer riesgo de muerte infantil antes de los cinco años, podía presentarse por presión mecánica. Decidieron realizarle el amniodrenaje a las 29 semanas. "En el fondo, está comprando tiempo para que el embarazo llegue hasta una semana aceptable", explica. "A esa altura, cada día que el bebé permanece en la panza de la mamá le agrega un 1% de sobrevida. Tampoco podíamos esperar demasiado porque la siamesa seguía creciendo y hacer una cesárea a dos bebas pegadas podía ser muy agresivo para la madre".
Aunque siente una felicidad agridulce, Alejandra afirma que está conforme. "Nunca nos ocultaron nada. En el fondo, creo que yo esperaba que se revirtiera algo, pero el diagnóstico siempre fue el mismo". Ahora ansía que Luisana llegue al peso imprescindible para que le den el alta de la Unidad de Neonatología y puedan llevársela a su casa, donde la esperan sus hermanos y todo el barrio.
"Anduvo bien y empezó a tomar la teta", concluye, esperanzada. "Ojalá que esta semana ya podamos irnos a casa".
Respetar al bebé enfermo
En la bibliografía médica en inglés, hay sólo otros 15 casos de embarazos triples de siameses. De ellos, sobrevivieron 10. Hubo tres en América Latina y dos en Chile. En uno de ellos, murió sólo el siamés. En otro, hicieron un feticidio selectivo, pero falleció también el tercer bebé. "Los siameses son una rareza embriológica, -dice Adolfo Etchegaray-. Se salvan sólo casos anecdóticos. El problema es que había otro bebé sano en el mismo barco. El tema era tratar de protegerlo, respetando al bebé enfermo, que también era nuestro paciente, aunque viviera dos minutos o años".
"Vanesa tuvo el mismo nacimiento que su hermanita. Fue aceptada por sus padres y tuvo un nombre. Estuve al lado de ella los 30 minutos de su corta vida, mientras terminaban de operar a su mamá. Tuvo el tratamiento digno que merece todo ser humano. Incluso sus padres tuvieron la posibilidad de bautizarla", agrega el médico.