Faltan 9 semanas

La ciudadanía debe asumir conciencia que faltan sólo nueve semanas para la realización de las elecciones nacionales; que en ella se jugarán importantes cuestiones que tienen que ver con el Uruguay del futuro y que cada uno y todos los actores de esa trascendente jornada electoral pueden y deben desempeñar un papel protagónico, contribuyendo y extendiendo su participación a través de una militancia activa y contagiosa.

Sin perjuicio y más allá de la posibilidad de una segunda vuelta, que comprenderá sólo a los cargos de Presidente y Vicepresidente, el último domingo de octubre se jugará de manera irreversible la integración del Parlamento, que será fundamental como apoyo al Poder Ejecutivo en su gestión de gobierno. Con un oficialismo derrotado y un corporativismo gremial que ya ha anunciado su actitud de futuro, la gestión a cumplir va a tener que apoyarse en uno de los mejores respaldos que puede ofrecer la democracia, como lo es la representación ciudadana a través del Parlamento. Hay que conquistarlo y gobernar con ellas. No como se ha hecho en estos últimos cuatro años, o bien desaprovechando las posibilidades que ofrecía el disponer de una mayoría o utilizándola como un factor regimentado de soberbia, que muchas veces desconoció a las minorías, evitando el debate, a través del sistema de las manos levantadas pero no de los argumentos discutidos, sino para que sea una auténtica caja de resonancia de todas las opiniones y de respaldo a la política de gobierno que se fije.

Se jugará también uno de los principios fundamentales en un Estado de Derecho como lo es el de estabilidad jurídica, groseramente atacada, como se ha señalado en varias oportunidades desde esta misma página, con el referéndum contra la ley de caducidad, que ya fue ratificada por la mayoría del pueblo, y que ahora se pretende desconocer en un juego de idas y vueltas comprometiendo una ansiada pacificación nacional que nos permita mirar hacia delante, tratando de superar todos los problemas. Y por si faltara algo, se introdujo, con finalidad política, un elemento extraño a nuestra tradición ciudadana, como es el llamado voto epistolar, donde uruguayos, que debieron abandonar el país por diversas y atendibles razones, afincándose en otros lugares y manteniendo en muchos casos un estado de doble nacionalidad, podrían eventualmente incidir en un futuro nacional del cual van a permanecer alejados y cuyos antecedentes reales muchas veces ignoran.

Esas tres consideraciones van a estar sobrevolando ya en octubre, junto al otro argumento que tiene que ver con si se quiere más de lo mismo o el establecimiento de una país distinto y mejor. La fórmula oficialista declaró en Santiago que continuará aplicando las políticas del actual gobierno, lo que lleva a preguntarse si prolongará el estado de inseguridad en que vive el país, manteniendo los defectos de su discutible ley de salud y si la política impositiva será la de sacar el dinero del bolsillo a trabajadores y pasivos como lo ha venido haciendo hasta la fecha. Para que nada de eso ocurra, cada ciudadano debe convertirse en un militante activo que trasmita sus convicciones a quienes lo rodean, y cada vez que se plantee en una conversación el desastre que pueden significar determinadas figuras ocupando cargos de gobierno, no limitar su sentimiento a una mera expresión, sino extendiéndolo a una acción de convencimiento con resultados prácticos.

En el mundo moderno los líderes tienen que ser acompañados y secundados por sus seguidores, asumiendo un protagonismo en el cual todos resultaran beneficiados, el país, el Partido y la población y en el cual nadie puede renunciar a la misión que le corresponde, que es la más hermosa que puede pretenderse en una democracia, por su vigencia y su mantenimiento. La pregunta que cada uno debe formularse es qué puede hacer para contribuir en esa tarea, y lograda la respuesta, actuar de acuerdo a ella sin eludir la responsabilidad. Según ha trascendido, hay casi doscientas mil personas que no saben aún a quien van a votar. No hay que permitir que se las roben al país, sino que hay que convencerlas de todo lo que aún puede hacerse y quienes pueden hacerlo. En esa tarea, todos y cada uno de los nacionalistas deben cumplir el trascendente rol que tienen asignado, ya sea a través de una entusiasta juventud, como por intermedio de las viejas legiones de luchadores.

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