Izquierda: crisis golpea a Radicales en américa y moderados en europa

Cambios. La economía pone en jaque a líderes socialistas europeos que deben convencer de sus políticas

 20090822 461x252

SKIATHOS, GRECIA | THE ECONOMIST

Cuando George Paparandreou, líder opositor griego y presidente de Socialismo Internacional (SI), una asociación global de partidos de centro izquierda, convocó a las charlas de verano en las costas de Aegean, el ánimo era de fiesta. Antiguos asistentes y habitués de la reunión anual expresaron que se trató de una de las más alegres que podían recordar.

Pero los motivos por los que el optimismo flotaba en el aire perfumado a pinos, eran mayormente locales. Después de numerosos esfuerzos por organizar una oposición al gobierno de turno conservador en Grecia, Papandreou se posiciona muy bien en las encuestas y muestra grandes posibilidades de convertirse en primer ministro del país en algún momento del año próximo. Seguiría así las huellas dejadas por su abuelo liberal y por su padre, un ferviente militante.

Ségolène Royal, vicepresidenta de SI y de nacionalidad francesa, también asistió a la reunión acarreando consigo otra historia de éxitos, en este caso a una menor escala. En la región francesa que dirige, Poitou-Charentes, el problema de la apatía electoral ha sido resuelta con experimentos novedosos basados en la idea de democracia, un ejemplo de ello son las "cortes ciudadanas" elegidas por muchos para monitorear el trabajo de las autoridades locales.

La importancia de estas nuevas modalidades se debe en parte a que a nivel nacional éste es un mal momento para Royal cuyo partido se encuentra en el caos. Este panorama es difícilmente más prometedor en otras izquierdas moderadas de Europa, ya sea que éstas se encuentren en el poder o que actúen como oposición ya que con la excepción de Grecia, las elecciones europeas de junio han resultado un desastre para los partidos social demócratas del continente que representan a la centro izquierda.

Desde Francia hasta Austria, la centro izquierda ha fallado en su labor de acaparar y sostener el descontento de partidarios conservadores. En Bulgaria, por ejemplo, se produjo un giro en contra del gobierno socialista que fue sacado del poder nacional en julio pasado.

Se le asemeja el caso de Inglaterra, cuyo primer ministro Gordon Brown, se está volviendo, irremediablemente, cada vez menos popular. En España, seguidores del socialismo en poder unieron, en vano, fuerzas para convencer a la gente de que ellos estaban tan descontentos como cualquiera con el desempleo de casi el 20%, pero los electores de todas maneras miraron hacia la derecha.

En el resto del mundo, el panorama se muestra mezclado aunque en casi todas las democracias, los políticos que se muestran como progresistas se enfrentan a un grupo de problemas repetido: el achicamiento del presupuesto, los crecientes desafíos ambientales, el pesimismo generalizado y el resurgimiento del nacionalismo.

Esto presenta una paradoja ya que en varios sentidos, la centro izquierda debería estar abriéndose camino. Por su lado, y sin importar los problemas domésticos que enfrente, Barack Obama ha envalentonado a los críticos del status quo y con esto ha hecho más difícil la vida de los conservadores más puros alrededor del mundo entero. Desde su elección, el presidente estadounidense ha echado leña al fuego de los que sostienen que la democracia (diferenciada y opuesta a las protestas callejeras o la violencia) puede producir un cambio real. Con esto, el presidente estadounidense ayudó a aquellos en la izquierda que aún creen que Estados Unidos, además de sus defectos más recientes, puede ser un garante de la democracia y la libertad.

Mientras tanto, la crisis bancaria y la caída global han sido medidas y estudiadas por las Casandras, un grupo de economistas reconocidos en su mayoría representantes del ala centro izquierdista, que siempre han sostenido que el capitalismo global llegaría a convertirse en un monstruo incontrolable.

Entre tanto, los votantes parecen poco convencidos por los esfuerzos de la centro izquierda volcados al discurso del "nosotros se lo dijimos". En algunos casos, esto se debe a que la derecha se ha puesto los zapatos de la izquierda al lanzar planes económicos de rescate y al unirse a la condena del capitalismo "anglosajón" salvaje. Un ejemplo de esto es el presidente conservador de Francia, Nicolas Sarkozy, quien ha pedido prestados a la izquierda tanto referentes como retórica e ideas. En muchos países, la centro derecha se ha mantenido unida a costa de una combinación juiciosa de discurso a favor del control severo de las fronteras y por el otro lado las promesas de recuperación económica. "Suenan un poco más estrictos en temas inmigratorios y los votantes perciben lo que perciben", dice Charles Grant del Centro de Reforma Europea, un foro internacional de discusión.

La centro izquierda, por el contrario, tiene pérdidas enormes de adeptos a medida que los disconformes viran hacia diversos extremos o simplemente caen en la apatía.

PENAS EUROPEAS. En efecto, si existe un grupo que se ha dedicado a dar argumentos del tipo "nosotros se lo dijimos" que resulten exitosos, ese ha sido el ala radical del sistema, incluyendo a los marxistas, quienes acusan a sus más cautelosos camaradas de ser cómplices del orden capitalista. En Alemania, por ejemplo, el voto de izquierda más radical se mantuvo mejor que los otros partidos más cercanos al centro a pesar de que muchos creían que le iría mejor aún.

En efecto, muchas de las penas que aquejan a la centro izquierda europea recaen en problemas que son peculiares para el viejo continente. Se trate del partido que se trate, el peso relativo de Europa en la economía mundial estaría destinado a declinar así como también lo haría su habilidad de financiar los programas sociales cuyas raíces se remontan a la reconstrucción post 1945 y a los desafíos ideológicos de la guerra fría.

El primer ministro de Australia, cuyo partido laborista venció ampliamente las elecciones de 2007, mantiene su liderazgo en las encuestas de opinión, a pesar de la dificultad que enfrenta para cumplir con sus promesas y evitar transformar la postura medioambiental del país en una profunda recesión. Pero Rudd tiene ventajas que sus homónimos europeos no poseen: el colchón provisto por un boom económico que duró una década y además los signos favorables de recuperación que presenta China, principal consumidor de las comodities australianas. Rudd ha prometido una vuelta a la rigurosidad fiscal una vez que sus estímulos hayan ayudado a la economía del país.

En América Latina, mientras tanto, la centro izquierda se ha aventurado a salir de la recesión con un éxito comparable al de Australia. Un ejemplo es el del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, cuyos orígenes de clase trabajadora y políticas pragmáticas continúan presentando una fórmula ganadora. Lula ha logrado convencer a sus compatriotas de que la recesión fue impuesta a la región desde afuera: según sus palabras la culpa la tienen los banqueros "rubios de ojos azules" del norte.

La centro izquierda latinoamericana también ha encontrado algunos beneficios en los paquetes de estímulo destinados a la protección del empleo. En Chile, estas medidas le han dado vuelo a la popularidad de la coalición en el poder, de la que tres de sus integrantes son miembros de SI. La centro izquierda, en este caso ganaría las próximas elecciones, principalmente porque los votantes sienten la necesidad de proteger a los pobres.

Por razones similares, la coalición de centro izquierda que gobierna en Uruguay se muestra bien parada en las próximas elecciones de octubre para retener el poder. En los recientes comicios legislativos de México, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), un peso pesado de la izquierda moderada del país, ganó a expensas de los entonces conservadores en el poder y no a costa de partidos de una estirpe más radical. Al mismo tiempo, la izquierda extrema latinoamericana se muestra como una opción menos atractiva para aquellos que han sido más golpeados por la recesión. Más que en Europa occidental adonde los votantes han atravesado por experimentos de extrema izquierda y han sufrido sus resultados.

En América Latina, administraciones con tintes "rojos" se encuentran hoy en el poder en algunos países y sus economías de alguna manera muestran peores resultados que aquellas de sus vecinos. Así es el caso del "socialismo del siglo XXI" de tono rojo furioso instaurado por el presidente de Venezuela Hugo Chávez, quien se ha visto obligado a enfriar sus políticas y desinflar los precios mundiales de la energía. Otro ejemplo es la elección legislativa argentina de junio en la que el gobierno populista de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner perdió su mayoría en el parlamento.

Lo que también es cierto, es que hay un país en el que su líder de centro izquierda se encuentra luchando contra los impactos de la recesión y contra las presiones de los grupos más radicales, ese país es Perú. Pero aun allí, la ultra izquierda no está en ascenso y el principal exponente radical para la elección de 2011, Ollanta Humala, ha tratado de mostrarse a sí mismo como un moderado para diferenciarse así del feroz venezolano, Hugo Chávez.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar