En esta página de opinión nos hemos cansado de escribir sobre las grandes fallas del gobierno del Frente Amplio en distintos órdenes de su gestión, siendo una bien notoria, la política internacional. Un dato no menor en este sentido, es que en los cuatro años que llevan en el poder, estemos a punto de contar con el Canciller N° 3. Se trata de un hecho más, que demuestra la superficialidad y falta de rumbo con que se han manejado las relaciones internacionales. Este gobierno no ha exhibido al Uruguay ante el concierto de naciones, con una línea de identidad propia. Por el contrario, ha asumido distintas posiciones a los tropezones, respondiendo más bien a posturas ideológicas y a pujos circunstanciales, cuyos resultados, inclusive ni siquiera han sido los que esperaban (vertiginosa votación para que Venezuela entrara al Mercosur), en lugar de atender los verdaderos intereses del país. Hemos carecido bajo la administración Vázquez, de una presencia internacional avalada por una política propia y definida, dado que desde el principio (primero nos íbamos a alinear con la Argentina, luego con el Brasil), la indefinición ha sido la característica. Dentro de este tembladeral y habiendo desaprovechado la oportunidad que de milagro se nos ofreció, de poder hacer un T. L. C. nada menos que con Estados Unidos, sí se hizo algo acertado, en línea con lo que debe ser la estrategia de nuestro país. La de ampliar nuestras posibilidades comerciales a través de tratados de libre comercio, como tan bien lo han logrado hacer los chilenos, con casi el mundo entero.
En el 2005, durante la presidencia uruguaya del Mercosur, se avanzó en las tratativas para un acuerdo de esta clase con Israel, negociaciones que culminaron en el 2007. Nuestro país se adelantó más que ningún otro para la cristalización de lo que se había estado discutiendo. El Parlamento uruguayo ratificó el tratado antes de que el presidente Vázquez hiciera su visita oficial a Israel, enviando con ello una señal de decidida voluntad y compromiso.
Sin embargo, desde entonces nada más ha pasado. El proyecto está sumido en el sueño de los justos, aunque poca justicia se le encuentre a la actual situación. A pesar de nuestra actitud para concretar lo acordado, el Parlamento israelí continúa sin ratificarlo. Algo bastante penoso desde nuestro punto de vista, ya que de acuerdo a una frase estipulada en el acuerdo, una vez expedidos los cuerpos legislativos de ambas naciones, el acuerdo pasa a estar en inmediata vigencia, aunque el resto de los socios del bloque todavía no lo hayan concretado.
Israel en la actualidad exporta al Mercosur unos 500 millones de dólares e importa una cantidad semejante. Las exportaciones uruguayas en 2008, representaron 85 millones de dólares, siendo la carne el 85% de ellas, mientras Israel nos vendió por 15 millones de dólares, entre maquinaria, productos agrícolas, fertilizantes, químicos, ingredientes de alta tecnología, inclinándose la balanza comercial por el momento, a nuestro favor, si bien son cosas dinámicas y con innegable potencial. Es lógico pensar que para Israel no seamos el país más atractivo desde el punto de vista de nuestro mercado, pero sí puede tener otras implicancias. Por un lado; un definido mensaje que serviría como punta de lanza para estimular a los otros países, por otro, no hay que descartar la significación política. Desde el nacimiento de la nación israelí, Uruguay le ha brindado con firmeza su soporte y nunca está de sobra, contar con el apoyo de amigos leales, que pueden ser pequeños pero respetados, en la arena internacional. Además, no hay que olvidar las aspiraciones de Venezuela por integrarse plenamente al Mercosur, por lo que sería muy conveniente que si ello lamentablemente ocurre, se encontrara con un hecho consumado que le impida la pretensión de hacer cambios.
Distintos factores juegan en la demora israelí, como el lobby de su sector lechero, pero nuevamente, como sucedió cuando discutíamos la posibilidad de firmar un TLC con Estados Unidos, aparece la mano negra del gigante mercosuriano. Así como contribuyó a sabotearnos en esa oportunidad, dando un claro respaldo a los locales que estaban en contra; Mujica y compañía; ahora desde Brasil lo estarían torpedeando por distintos motivos; la protección de su industria tecnológica y las presiones del conglomerado árabe, en el legislativo. Nuestra Cancillería no puede resignarse. Habilidad y perseverancia se necesitan.