Pensar en los niños

Uno de los temas más recurrentes en todos los ámbitos de la sociedad uruguaya es, quizá, el deterioro que han sufrido los valores que anteriormente le servían de sólido sustento. En especial, esa pérdida de valores se localiza tanto en la unión familiar que se ve debilitada en sus principios constitutivos o simplemente ha adoptado otras variantes, como ocurre con el aumento de las familias ensambladas, una consecuencia natural del divorcio.

A su vez en la actualidad, la institución familiar se encuentra ante otra encrucijada con la presencia ascendente de la unión concubinaria, ampliamente reconocida por la ley. Lógico es entonces, que una serie de valores firmemente vinculados a ella, sufran su mismo deterioro, en particular los que tienen que ver con el principio de autoridad y el respeto a las jerarquías, entre otros, que existen en el entramado social.

Por otro lado la educación en su estado actual -riñas, ausentismo docente y estudiantil, bajos rendimientos escolares, etc.- exime de todo comentario. Sólo resta que al lamento, se una la decisión de hacer auténticas reformas en su seno.

Este breve preámbulo tiene su razón de ser en la iniciativa legislativa -a punto de culminar en estos días- tendiente a otorgar a las parejas del mismo sexo el derecho a adoptar niños, tal como si fueran uniones matrimoniales heterosexuales. Creemos que con tal medida se va demasiado lejos. No se trata de la consideración que merece todo individuo que resuelve no ser padre o madre biológico debido a sus inclinaciones sexuales. Lo que sí está en juego -y debe prevalecer en absoluto sobre todo lo demás- es el derecho del adoptado, del niño, al que se arroja en ese estado de confusión y a quien se le puede exponer a las burlas y al escarnio de sus coetáneos sin descartar la posibilidad de que a raíz de ello se le induzca a seguir, en imitación de sus mayores, por ese mismo camino.

Aunque el aumento imparable de la población mundial sea un problema planetario, la elección homosexual no tiene por que ser premiada con el hecho de convertirles en padres, sin tener en cuenta que al niño que no tiene padres biológicos - lo cual además de ser una tristeza es un conflicto en potencia- se le agrega gratuitamente otro.

En un pasado bastante reciente, los homosexuales fueron menospreciados o compadecidos por el resto de una sociedad que los marginaba, postura que se mantiene actualmente en algunas culturas, aun en nuestro tiempo. Pero en occidente, donde se ha producido una enorme evolución en la aceptación de esta opción de vida, da la impresión que quienes en cierta forma son los herederos de quienes sufrieron persecuciones atroces como la del nazismo o del castrismo, para ir a un ejemplo latinoamericano, hoy día parecen sentirse imbuidos de una especie de orgullo cuasi desafiante. Recuérdese el Día del Orgullo Gay que se festeja por todas partes e inclusive la colocación de una pieza de granito en un lugar de la Ciudad Vieja, identificado como el Monumento Gay, ocurrida durante la anterior administración municipal.

La Iglesia Católica ha condenado severamente el proyecto de ley mencionado, por cuanto en éste se prioriza el interés y la figura de los adoptantes y no en cambio, el del niño a ser adoptado que es lo elemental, siendo imprescindible que el niño cuente con modelos de identidad masculina y femenina definidos, para no violentar el desarrollo de su naturaleza.

En el mismo orden de cosas, la psicología reconoce que la infancia es un período de imitación que se da especialmente en el seno del hogar, desde el cual toman habitualmente los modelos que se le ofrecen.

No es necesario forzar conclusiones. ¿Qué clase de ejemplos, trasmitidos por gestos, palabras, actitudes y valores imitarán los niños adoptados por parejas de homosexuales? ¿Quién hará de padre y quién de madre? ¿Qué bagaje cultural llevará ese niño desde su hogar a la escuela, al liceo, a la vida cotidiana? Si carece de raíces que lo inclinen a gustar del sexo opuesto, ¿será feliz o desgraciado con sus compañeros de clase y con sus amigos del barrio? ¿Qué clase de identidad será la suya? Es preocupante que una equivocada decisión parlamentaria pueda producir distorsiones de este tipo. De votarse la ley de marras, habrá llegado la ocasión de hacer un plebiscito al respecto, de acuerdo a lo que permite la Constitución.

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