TEHERÁN | EL PAÍS DE MADRID
"Ni siquiera hemos podido acercarnos al periódico", aseguraba una joven que había acudido a manifestarse ayer ante la sede de Etemad-e Melli. La prevista concentración en apoyo de su editor, el clérigo reformista Mehdi Karrubí, adquirió más fuerza al extenderse la noticia de que las autoridades habían cerrado el diario.
"Bastanesh" (Lo han cerrado), repetía una y otra vez un quiosquero de la avenida Val-i Asr a quienes le pedían Etemad-e Melli. La mayoría se mostraban más contrariados que sorprendidos. Desde hace semanas las autoridades acosaban al diario favorito de la oposición a Mahmud Ahmadineyad. A través de él, Karrubí viene denunciando el fraude electoral, la ilegitimidad del nuevo Gobierno y los excesos cometidos por las fuerzas de seguridad en la represión de las protestas poselectorales.
Ayer por la mañana, Etemad-e Melli volvió a faltar a su cita con los lectores por segunda vez en los últimos dos meses. Según explicaba Hosein Karrubí en la página web del diario el cierre estaba motivado por un artículo en el que su padre "respondía a las ofensas e insultos que ha recibido". Sin embargo, en declaraciones a la agencia semioficial Mehr, el fiscal general de Teherán, Reza Mortazaví, desmintió que hubiera sido censurado y atribuyó su ausencia de los quioscos a "problemas con la imprenta".
Sea como fuere, su silencio alentó la convocatoria de solidaridad. Decenas de simpatizantes trataron de llegar a la sede del periódico y al no poder acercarse por la presencia policial, optaron por corear "Muerte al dictador" y otros eslóganes que se han popularizado desde la contestada reelección de Ahmadineyad. El desafío motivó una carga de los agentes que golpearon a algunos jóvenes y practicaron varias detenciones, según testigos, ya que la prensa tiene prohibido cubrir actividades no autorizadas.