Julia Rodriguez Larreta
Es sabido que las razones que llevan a los ciudadanos a decidir su voto, a menudo son más de tipo emocional que racional. Ello no obsta, sin embargo, para que cada candidato y cada partido trate de mostrar las mejores credenciales para poder alcanzar el triunfo. En este sentido, el Frente Amplio puede darse el lujo de mostrar como logros muchos índices favorables, pero cuidado que "no todo es oro lo que reluce". Hace falta tener en cuenta una serie de factores, como por ejemplo, en que condiciones se recibió el país y en cuales quedará.
Dado que uno de los protagonistas de la presente contienda electoral es un ex presidente, el Dr. Luis Alberto Lacalle, vale la pena hacer una mirada retrospectiva que nos lleve al año 1990, principio de su mandato, para luego fijarse en como estaban las cosas en el 2005, comienzo de la actual Administración y a su vez, los respectivos períodos.
Cuando el presidente blanco asumió, el déficit precedente a su asunción, (1989), era del 7% del PBI. La inflación de ese mismo año, el 89% y venía creciendo. El peso de la deuda era muy grande, a pesar de la refinanciación hecha en 1988, tanto por su monto como por los intereses y había que financiar el ajuste de las pasividades; un gran aumento por única vez en 1990 y a posteriori, una indexación según el índice de salarios.
Al comenzar el gobierno del F. A. el ajuste fiscal ya había sido realizado. Se había pactado una renegociación de la deuda pública que facilitó luego los posteriores acuerdos realizados por el gobierno de Vázquez. La inflación había dejado de ser el grave problema de otros tiempos. Después del 2001-2003, las finanzas públicas en el 2004, estaban en franca mejoría, habiendo dejado el gobierno saliente de Jorge Batlle, un superávit primario de 3,79% y un déficit global de 1,88% del PBI, luego de varios años (1999-2002) de déficits alrededor del 4%. Sí persistía una mala situación social, a consecuencia de la crisis ocurrida entre 2001 al 2003.
En el desempeño del gobierno, especialmente en un país pequeño, tomador de precios, como el Uruguay, el factor exógeno siempre ha tenido una influencia muy relevante. Durante el transcurso del gobierno de Lacalle, el nivel de la economía mundial en su conjunto, continuaba con la pérdida de dinamismo comenzada en 1989, la que continuó hasta 1993, resurgiendo en 1994. Por su parte, los precios de los productos relevantes para nuestro país, reflejaban esa desaceleración. Sin embargo, a pesar de ello y de la sequía de 1989 que dejó negativas secuelas, el crecimiento pasó de 0.3% en el primer año de la gestión Lacalle, al 7.3% en el 94; un promedio de 4.3%. La inversión aumentó del 10.8% al 15,2% y las exportaciones totales, de 6.20% a 22.1%. El ingreso real per capita creció de 3.5% en 1990 a 8.6%; la indigencia bajó de 3.0% a 1.2% y la pobreza del 29.7% en 1990 a 15.3% en 1994. La endémica inflación que había llegado al 129% en el 90, decreció a 44% en 1994. Venciendo una cerril oposición, pudo hacer algunas reformas cuyos buenos frutos nadie osa hoy desconocer, como la del puerto, aunque otras importantes y necesarias -como la reforma de la Previsión Social, que luego se hizo en el siguiente gobierno de Sanguinetti, gracias al apoyo del Partido Nacional-, o se demoraron inútilmente o no pudieron llevarse a cabo. Un lamentable sabotaje al progreso de la nación, parecido si se quiere, a no haber aprovechado este gobierno la oportunidad de firmar un TLC con EE.UU.
El gobierno del Frente Amplio en cambio, se inauguró bajo un cielo diferente a pesar de no haber escapado a otra sequía. En 2004, la economía mundial había alcanzado tasas elevadas de crecimiento y Argentina y Brasil crecían fuertemente. La primera al 9.0% y Brasil al 5.7%. Los precios de los productos que vende el Uruguay no dejaron de crecer hasta el 2008. En el 2009 ya no son lo mismo, pero siguen siendo excelentes en términos históricos. Los proyectos de industralización forestal que venían de antes, con niveles de inversión desacostumbrados, empezaron a producir. En una coyuntura excepcional, el país creció promedio 8.22%, la inflación pasó del 7.6% en 2004 a 9.2% en 2009, pero los resultados de la lucha contra la pobreza y la indigencia no son lo que deberían ser, dada la bonanza de estos años, sobre todo gracias al mundo exterior e inclusive a nuestro inamistoso vecino Kirchner, quien involuntariamente contribuyó al aumento del volumen inversor y a una impresionante "revolución" agropecuaria.
Al nuevo gobierno le espera un déficit del 2 al 2.5% del PBI. La situación luce muy vulnerable a un ciclo recesivo que vaya más allá del 2009, porque están dejando un nivel muy alto de gasto corriente; engrosamiento y centralización excesiva en el Estado; además de un lastre de pésimas leyes.