La interpelación a la ministra de Salud Pública, María Julia Muñoz, cumplida a iniciativa del diputado nacionalista Jorge Gandini, reveló que ella no tenía explicaciones para el escándalo del Hospital Maciel. A tal extremo no supo qué decir, que se dedicó a hablar de presuntos logros del nosocomio y no de las denuncias concretas sobre los contratos de la empresa de limpieza Clanider S.A.
Sus acompañantes, el subsecretario Miguel Fernández Galeano y el director general del Ministerio de Salud Pública, Daniel Olesker, también esquivaron, dedicándose a elogiar la reforma de la salud. De lo del Maciel, nada.
Al concluir esta triste actuación de los representantes del Poder Ejecutivo, se presentaron dos mociones. La de la bancada del oficialismo, que a pesar de lo ocurrido, declaraba satisfactorias las explicaciones del MSP y otra, de la oposición, señalando la realidad: que las explicaciones fueron inexistentes.
Los diputados frenteamplistas votaron en bloque la moción oficialista y ésta resultó aprobada. Todo esto dejó al gobierno peor parado ante la opinión pública, que antes. Pero es la realidad y es bueno recordar que ello se inscribe dentro una práctica del "progresismo", aplicada ya desde la primera interpelación a un ministro del gobierno que se instaló el 1º de marzo de 2005.
La oposición esperó hasta junio de aquel año para tratar de ejercer funciones de control parlamentario mediante el instituto de la interpelación. Entonces, a impulso del diputado nacionalista Luis Lacalle Pou, la Cámara de Representantes llamó a sala al ministro de Vivienda, arquitecto Mariano Arana, para que explicara la actuación del Poder Ejecutivo en torno a la reforma constitucional aprobada en octubre de 2004, Las explicaciones fueron pobrísimas pero la moción que señalaba eso fue descartada y la mayoría aprobó que las explicaciones habían sido "totalmente satisfactorias".
Aquel suceso marcó el camino que hubo que transitar en esta materia desde entonces hasta hoy. A pesar de todo, el Partido Nacional no abdicó de su función de contralor. Gracias a ello, ya hasta es motivo de burla aquello de "podemos meter la pata pero no la mano en la lata".