SEBASTIÁN AUYANET
El cantautor presenta un disco que, dice, es hijo de la incertidumbre, de la llegada de los hijos y de una recorrida cálida y de mochila al hombro por cientos de lugares buscando sonidos y nuevos aires junto a Matías Cella, su productor.
Daniel Drexler acaba de llegar de un festival de música del que participó en Porto Alegre, y al que asistieron unas 2.500 personas. Es apenas uno más en una lista de viajes que supera los 250 entre el mojón de su anterior Vacío, editado en 2006 y Micromundo, un disco más cosmopolita y menos asociable al sonido templadista con el que se identifica, pero a la vez el que más habla del Uruguay, quizá debido a aquel síndrome de la distancia que alguna vez mencionó Jaime Roos: por ahí en el pago propio sale rock y en Amsterdam se aparecen las murgas.
El disco está habitado por cientos de sonidos recogidos en ambientes y ciudades distintas. "Es la primera vez que me compran un máster, entonces tuvimos plata para poder salir a buscar amigos a distintos pueblos para tocar", añade sobre un trabajo que se realizó entre los estudios Sondor montevideanos hasta el cuarto de un percusionista en España.
Drexler explica que Micromundo es el resultado de un "efecto rebote" en su cabeza y en su vida. "Creo que es el fruto de una etapa muy dinámica. Vacío comunicaba un determinado estado mío que ahora mutó. Tengo cuarenta años, dos hijos, me hice una casa, no paro de viajar... En este disco hay una canción que compuse a la salida de una discoteca en Estocolmo y otra acá, en Montevideo. Micromundo es eso, mi mundo, que se mueve en esos extremos. Si el eje conductor de ese anterior disco era el vacío, el de este es, principalmente, la incertidumbre. Pero curiosamente, estos dos conceptos que para la humanidad son negativos, en mi caso tienen lecturas positivas".
Drexler explica que reconocer esos dos extremos generó un espectro mucho más amplio de vivencias que se aparecen en el disco. Primero en cuanto a la música y luego en las letras. "Creo que este disco es el producto de la aceptación de que la vida es impredecible y no se puede planificar. Tratar de eludir la incertidumbre que es una invitación directa al sufrimiento. Yo tengo la sensación de que en estos últimos tres años la encaré y solté el volante".
Conciertos entre Chile, España, Brasil y Suecia entre otros. ¿Y qué pasa con la recepción del público en Montevideo? "Mirá, a mí me tomó mucho tiempo dejar de ver mal a Montevideo por el tema de la respuesta del público. A mí me alcanza con poder venir, tocar para mis amigos, colegas, estar en contacto con ellos para seguir haciendo música y no pedirle mucho más a la ciudad. Yo a Valencia no le pido más de dos conciertos por año, así que por qué voy a pedirle eso a Montevideo, que es una ciudad igual de grande y con mucho más producción cultural que Valencia?"