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Wait for me. Es el nuevo, sobrio y expresivo disco del músico electrónico
ALEXANDER LALUZ
A comienzos de 2008, Moby comenzó a trabajar en la composición de "Wait for me", que salió este año. El cine de David Lynch habitaba entre sus ideas. Los climas sintéticos, densos, fueron, otra vez, su materia sonora.
Por su cabeza desfilaron imágenes que viajaban hacia mundos interiores. Y de allí salió un grupo de composiciones que entrecruzan la canción pop con formas instrumentales de aliento ambicioso y, en algunos casos, muy bien logradas.
El oficio creativo de Moby no necesita mayores presentaciones. Este pequeño hombre calvo de Harlem, y bisnieto de Herman Melville (el de la novela Moby Dick) sabe proponer un (astuto) juego con progresiones y cadencias modales de vieja data (muchas recicladas de aquellas polifonías que cruzaron el renacimiento europeo durante el siglo XVI, o incluso antes). Pero que en su música suenan a través del tamiz del pop menos "brillante" o "exitoso", y hasta con ciertos tintes exóticos. En eso, su experimentado manejo de los recursos técnicos y estilísticos de la electrónica cumplen un papel decisivo.
Con este arsenal de recursos, Moby se encaminó hacia el fascinante mundo de David Lynch, su cineasta favorito, para mediar en la materialización de ideas expresivas algo depresivas, angustiantes, tristes, hasta llegar a gestos de silenciosa contemplación. La influencia de Lynch, sin embrago, no quedó en el nivel de la "inspiración". Moby le envió al director la pieza que se convirtió en el corte de difusión del disco, Shot in the back of the head, con una nota bastante elocuente: "por favor, haz lo que quieras". Y así fue. Lynch creó con esa pieza un video clip que sigue en espíritu y materia su estilo cinematográfico.
Esa composición puramente instrumental es un viaje por sonoridades de gran poder evocativo. Sus texturas, marcadas por contrastes en la densidad tímbrica, están urdidas a partir de sonidos de guitarras con diferentes procesamientos electrónicos, leves contornos melódicos y armonías sintéticas, y una batería muy acústica. Desde esas atmósferas surgen muchas pistas para entender lo que pasa en las otras piezas (las muy visuales Study war, Mistake, Scream pilots, la coral A seated night, o la muy lograda Wait for me), en las que la voz, puesta por cantantes muy solventes, completa la intención dramática, provocando una escucha tensa y, por cierto, muy alejada del "dance floor".
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