Veleidades conceptuales

Ala altura de la evolución social, política y económica que estamos transitando ya entrados en el siglo XXI, la verdad es que resulta difícil la tarea de definir qué es la izquierda y qué es la derecha. Sabido es que la diferencia entre ambas posiciones emana de una distinción espacial originada en la Convención Nacional durante la Revolución Francesa: quienes aparentaban estar más cerca de los reclamos populares, quienes más vociferaban en favor de ellos, se sentaban a la izquierda y en los escaños superiores del hemiciclo; por su parte, sus opositores, más vinculados al antiguo régimen, es decir, a los privilegios que se estaban eliminando, incluso con su conformidad, se sentaban a la derecha. De ahí sobrevino una generalización bastante burda que se mantiene hasta nuestros días. La difusión de las ideas marxistas y similares, sobre todo a partir de mediados del siglo XIX, hizo que la izquierda se identificara con las tendencias populares, y defensores de los más carenciados. Sus adversarios, por tanto, eran considerados oligarcas, "platudos" y explotadores. Honestamente, hasta ahora, nadie ha asumido que ser derechista signifique carecer de los más mínimos sentimientos de solidaridad . Antes bien, pensando en el Uruguay, algunos de los más importantes avances en beneficio de lo que comúnmente llamamos el pueblo, proceden de la gestión de los partidos tradicionales y no de una izquierda que ni siquiera existía como partido diferenciado.

Otro elemento de juicio que conviene tener presente es lo ocurrido en la Rusia post soviética, luego de más de siete décadas de vigencia de un régimen de izquierda (¿o no?). Allí, una vez colapsado un sistema tan oprobioso como ineficiente, los aún partidarios de la ideología comunista son calificados por la mayoría de los rusos como derechistas. Inimaginable pero cierto, los comunistas son tildados de retrógrados y conservadores, o sea, derechistas en el sentido peyorativo que se le da al término entre nosotros.

Por lo tanto, en dos lugares del planeta, Rusia y Uruguay, la derecha tiene el mismo contenido pero con una diferencia notable: en el ex imperio soviético el término se aplica a los que siguen siendo comunistas, mientras que en nuestro país se aplica para identificar a quienes se oponen al marxismo liberticida. Curiosamente, también entre nosotros, los izquierdistas se muestran orgullosos de ser tales, mientras que los derechistas no aceptan que se los califique así.

Que juzgue el lector. Porque (San Lucas Cap. 9, vers. 62) "ninguno que poniendo sus manos al arado mira atrás, es apto para el Reino de Dios". Adaptando el pensamiento evangélico a las circunstancias actuales, diríamos que no somos dignos del futuro si sólo juzgamos y actuamos en función del pasado. Un pasado que no hay que olvidar -sería insensato- pero sí evitar que nos abrume e inhiba. En todo caso, si lo desenterramos, que ello sea en forma integral, única garantía de ecuanimidad en la formación del juicio que nos merece. En consecuencia, vemos con preocupación que la comisión parlamentaria que trabajó en la proyectada ley de educación haya especificado, sobre el concepto de laicidad, que pretende redimensionar, que "el docente, desde su condición de profesional, es libre de planificar sus cursos respetando los objetivos y contenidos de los programas de estudio, realizando una selección crítica de conocimientos".

Esta redacción elíptica implica otorgar una libertad de acción a los docentes que es eventualmente riesgosa, si se tiene en cuenta que el alumnado está constituido por niños y jóvenes que quedarían sometidos a la discreción de su maestro/profesor puesto que éste es facultado a hacer una "selección crítica de los conocimientos" que imparte. No es en sí mismo malo que haya más libertad para enseñar, sin la manía del centralismo que nos caracteriza y a diferencia de cómo se imparte la educación, por ejemplo, en el hemisferio Norte, donde los profesores o maestros tienen mayor autonomía y por lo tanto, la posibilidad de adaptar la enseñanza de acuerdo a lo más conveniente para el medio donde se trabaja. Pero esta facultad, así asignada, hoy aquí preocupa, al inscribirla en la ya adoptada historia reciente oficial, sesgada claramente en su interpretación de los hechos y regida por intenciones unilaterales.¿Defender la laicidad, es tarea de la izquierda o de la derecha, de la interpretación rusa o de la uruguaya? Pretendemos superar este espinoso problema reclamando que nos ajustemos a los hechos y no a las palabras.

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